Ernesto Filardi

Realmente es muy perverso este mundo en el que vivo si ahora lo alternativo es querer escribir verso.

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Jefferies

Acudes, como siempre, puntual a nuestra cita,
con ropa deportiva y ajustada
sudando tras el jogging por el barrio.
Dúchate, por supuesto. Sé que lo necesitas.
Comprende que no voy a acompañarte,
que tengo que esperar aquí sentado
a que salgas, hermosa como todos los martes,
tarareando algo que no escucho
envuelta en tu toalla, desenvuelta en tu baile,
mitad Carmen Miranda, mitad reina de Saba,
y cien por cien objeto de deseo.

Entonces, sólo entonces
(ese único momento que espero cada martes),
haz todo lo que sabes que me gusta
delante del espejo:
acaricia tus muslos suavemente
usando aloe vera, aceite corporal,
crema depilatoria o lubricante,
recuéstate en la cama,
enséñame tu pecho,
aparta la toalla para que pueda verte,
y, cerrando los ojos
(me excita que no mires hacia aquí),
acaríciate más
mientras piensas en mí o en quien prefieras
-ése con quien te ves últimamente
o en esa compañera del gimnasio
que te sonríe mientras sudáis en el spinning-,
suspira, gime, muérdete los labios,
enarca las caderas, acaríciate toda,
retuércete de gozo y fantasía,
vuélvete un poco puta,
vuélveme un poco loco,
para que, satisfecho, disfrute como siempre.

Y cuando se relaje la tensión del orgasmo
-no te preocupes, sé que tienes prisa-
aguarda unos minutos en silencio
para que imaginemos que al fin estamos juntos,
y lentamente, siempre sonriendo,
con la leve nostalgia que hay después del buen sexo,
acércate e, igual que cada martes,
guíñame, dulce, un ojo,
al bajar la persiana.

Aquí estaré de nuevo dentro de siete días
fiel a nuestro secreto,
desde la incertidumbre de tu nombre,
desde la impunidad de mi ventana.
 

Jefferies

(Foto: thefemalenude.wordpress.com)

Futuro imperfecto

Perdido, despistado, camino por la noche
como un pobre ratero que roba tapacubos
creyendo, en su inocencia, que así saldrá del hoyo,
y a cada paso pienso dónde está la salida
de este tremendo absurdo, de este mérito incierto,
que no seré perfecto y que jamás lo he sido,
o si valdrá la pena querer llegar a serlo.

Afortunadamente, es al llegar a casa
cuando caigo rendido y me dices en sueños
que todo está tranquilo, que duerma sin problemas,
que un amante perfecto tampoco es lo que buscas,
que vas a conjugarme tu amor en imperfecto
y que el futuro entonces será nuestro por siempre.
Me dices “te amaré”, y yo, por fin, descanso.

city-street-night-rain

(Nota: Este poema puede encontrarse en mi poemario “Penúltimo momento“)

Madame Godot

Acaba la función, los bravos cesan,
y según el telón cierra la sala,
la esencia de Estragón muere y exhala
los lamentos de amor que tanto pesan.

Ella no ha vuelto y los sueños regresan
mordiendo el corazón en hora mala.
Mientras, los invitados, con gran gala,
riendo en el vestíbulo se besan.

Y el actor por dentro se hace viejo
pues su alma se torna en elegía
a aquel tiempo brillante como el oro.

Se limpia el maquillaje en el espejo,
abre la puerta hacia la calle fría
y de nuevo hace mutis por el foro.

Madame Godot

(Nota: Este poema puede encontrarse en mi poemario “Penúltimo momento“)

Bienvenidas

Como un invitado ilustre al que hace tiempo que se espera
aún no habéis llegado y ya sois parte de la casa.
Por eso nos estamos encargando
de que los últimos retoques satisfagan
todas vuestras necesidades, que son muchas.
 
Las normas por aquí son, sin embargo, muy distintas
a aquellas que vosotras conocéis:
los grises son más grises, por ejemplo,
pero la luz es también mucho más intensa, y quema a veces.
Contado así parece complicado,
pero nosotros estaremos sonriendo
en todos los caminos que el azar os proporcione.
Yo, por mi parte, desde ya me comprometo
a que nunca os falte nada que yo pueda conseguir:
cualquier necesidad, cualquier apoyo,
cualquier metro cuadrado de ternura.
 
Tan solo me reservo para mí
un momento imprescindible que jamás me quitarán:
este sol de media tarde iluminando a vuestra madre
que sonríe adormecida con la mano sobre el vientre.
 
Esta imagen, lo lamento, será siempre para mí.
Una imagen de ternura
tan frágil, tan hermosa y tan fugaz
como el mundo al que aún no habéis llegado
y del que pronto seréis protagonistas.

Dante

Fue soberbia pensar que te tendría
destinada por siempre a mi destino.
La gula, por su parte, no previno
que tus labios sin pausa yo querría.

La envidia apareció en el mismo día
que soñaste el calor de otro camino.
La ira, entonces, vino como vino,
y quebró los espejos de agonía.

Fue lujuria el recuerdo de tu espalda,
me durmió en tus laureles la pereza,
la avaricia prohibió cualquier empate.

Así, siguiendo el guiño de tu falda
he cruzado el cartel que, frío, reza:
“Lasciate ogni speranza voi che entrate.”

(Nota: Este poema puede encontrarse en mi poemario “Penúltimo momento“)

Glosa de la ternura merecida

Para Amalia, por la letra.
Para Soraya, por el alma.

Ahora que me tienes y te tengo
debajo del calor de mi cintura;
ahora que, por fin, no me detengo
a calcular, escéptica, si dura
esto de ser felices, te prevengo;
no pienso hacer el rol de chica dura
que va a exigirte más de lo que eres:
yo no soy de ese tipo de mujeres.

Lo digo, más que nada, porque quiero
saber que sabes que ni soy divina
ni pretendo intentarlo, y que prefiero
un tête a tête fregando en la cocina
a que me muestres siempre en candelero
como a esas niñas monas de oficina
que son, cuando les quitas la armadura,
incapaces de amor y de ternura.

Por eso ahora, por favor, intenta
no imitar ni de lejos a esa gente
que piensa que lo ajeno es una afrenta
dispuesta a ser vengada, y ten en mente
que nunca es el más macho el que más cuenta.
No necesito un vengador valiente
que de amor en la calle se desangre:
yo se lo que es valor y lo que es sangre.

Bésame más, amor, dime al oído
“vamos a amarnos siempre”, como aquellos
que no necesitaron otro nido,
sacrificando todos sus destellos
a la constancia, y que por eso han sido
héroes de un cuento bello entre los bellos;
aunque odies la constancia y te repugne,
aunque odie el sacrificio y me repugne,

prometo serte fiel de pensamiento,
de potencia, de acto y devaneo,
seré protagonista de tu cuento,
y no sospecharé si no te veo
ni sembraré reproches en el viento
si me hablan bien de ti, pues, según creo,
los celos suelen ser siempre, en esencia,
la vanidad que nace en la violencia.

Algunas noches puede que hasta veas
mis lágrimas bailar en tu mejilla.
Conquístame sin más: lo que deseas
lo tendrás frente a ti: soy muy sencilla
y digo la verdad; quiero que creas
que antes que estancarme ante la orilla
de un triste restregón de calendario
quiero ser la mujer de un mercenario.

Si el ardor me encuentra entretenida
rogando por favor a tu costado
estar dentro de ti, roba mi vida
y llévame a un rincón, apasionado,
para ser la constancia del suicida,
la urgencia sin piedad de un abogado;
por ser, seré la causa del abismo
de un poeta, de un mártir, es lo mismo.

Seré pues, sí, tu estatua, tu sorpresa,
tus medias de Berkshire, tu veintitantos,
tu zorra, tu abanico, tu princesa,
la pequeñaja musa de tus cantos
si clavas en mis ojos tu promesa.
Quizás porque he besado ya a unos cuantos
o quizás porque no supe sus nombres,
yo sé mirar los ojos de los hombres.

Y ahora que por fin cierro la boca
delante de tus lágrimas de santo
corramos el telón, porque ya toca
comenzar la función, y, por lo tanto,
recuerda siempre el texto de esta loca:
para que no se desgaste mi encanto
ni tu voz se convierta en mi tortura
conozco a quien merece mi ternura.

(Como indica el título de un poema, se trata de una glosa. Es decir, de una versión ampliada de un poema anterior. En este caso, un poema bellísimo de Amalia Bautista que podéis encontrar aquí. Si os apetece leer algo más sobre las glosas, podéis echar un ojo a este otro texto mío.)

Casandra

Con tu gran clarividencia,
sibila desprestigiada,
no viste en lo nuestro nada.
Mas me pudo la impaciencia,
y, a pesar de tu advertencia,
al caballo abrí la puerta
sin estar la mente alerta
de cualquier posible daño.
Ese amor nuestro de antaño
es ahora Troya muerta.

(Nota: Este poema puede encontrarse en mi poemario “Penúltimo momento“. La foto es de greyguardian)

La isla bonita

Para Alessia Petralia

Abriste los ojos
y ya me tenías:
pasé tantos días
bebiendo de ti…

Crucé tus aceras
desnudo y sin prisa:
mi nueva sonrisa
no huía de mí.

Y ahora que soy
una nueva persona
me marcho. Perdona
mi súbito adiós.

No puedo quedarme
aunque me lo pidas,
porque en nuestras vidas
sobramos los dos.

No digo “jamás”
ni miro hacia atrás:
busco mi destino.

Debo caminar,
aprender a andar,
pero no contigo.

He amado tu ruido,
tus noches violentas,
tus lágrimas lentas,
tu forma de ser…

Lo tienes, sí, todo,
y no es suficiente:
ser tan complaciente
no te deja ver

que eres tan pequeña
y el mundo tan grande
que hacia donde ande
estaré mejor.

Y si te conformas
con ser lo que eres,
habrá otras mujeres
que tengan mi amor.

No digas “jamás”
ni mires atrás:
busca tu destino.

Debes caminar,
aprender a andar,
pero no conmigo.

 

De qué hablo cuando hablo de ti

Yo soy de los que cuidan mucho el texto
porque cuando lo lean otros labios
cada palabra mía será mi embajadora.
Por eso, cuando acabe de escribir este poema
lo leeré, lo releeré,
cambiaré unas cuantas cosas
y me daré, quizás, por satisfecho.
Pero no lo daré por terminado
hasta que tus ojos
incendiarios y feroces
no se muestren orgullosos de estos versos.

Yo sé que me equivoco algunas veces
a lo largo del día en lo que hago,
como cuando me agobio o cuando se me olvida
hacer algún recado que te prometí que haría.
Pero cuando me equivoco
tú, en lugar de enfadarte,
me miras fijamente y me sonríes.
No hay nada que no arregle esa sonrisa:
con esa sonrisa
me haces comprender que nada
es más valioso que el lujo de estar juntos.

Yo no tomo café. Me sienta mal,
pero cada mañana me levanto
a preparar el tuyo mientras tú estás dormida.
Es un pequeño esfuerzo que se ha convertido en rito
porque todas las mañanas
cuando regreso a la alcoba
te miro mientras duermes. Luego digo:
“Buenos días, amor. Ya está el café.”
Entornas los ojos,
sonríes, te das la vuelta,
y gracias a mí te duermes más tranquila.

Yo nunca he conseguido ser valiente
al tomar decisiones en mi vida,
y cuando deseo hacerlo casi siempre es la inercia
la que guía mis pasos hacia lo que ya conozco.
Pero tú eres muy distinta:
te gustan los desafíos
y sabes que yo quiero que me gusten.
Tú, que haces que todo sea más fácil,
me coges la mano,
comenzamos a andar juntos,
y el destino de repente es más intenso.

Cuando hablo de ti, mi amor,
hablo del mejor hombre que puedo ser
y que soy gracias a tus ojos, tu sonrisa,
tu modo de despertar, tu mano en mi mano
y tantas otras cosas que no caben en un verso.

Ellas. Sextina a lo intangible

Hay chicas que resurgen de la niebla
trayéndote el almíbar de la luna
que hará que resucites aquel sueño
que hace tiempo enterraste muy al fondo:
son esas que aparecen una noche
al fondo de una barra en plena risa.

Hay otras, que, escondidas tras la risa,
despluman fríos pájaros de niebla
al morirse las luces de la noche,
que no cantan boleros a la luna
porque están convencidas que, en el fondo,
despertarán un día de su sueño.

Hay chicas que te roban hasta el sueño
al salpicarte entero con su risa;
de repente te calan hasta el fondo
dejando entre los huesos como niebla
y luego se evaporan con la luna
rompiendo calendarios en la noche.

Hay otras que te duran una noche
para ayudarte a conciliar el sueño:
tú le prometes todo, hasta la luna
-procura no morirte de la risa-,
que ya verás que son de triste niebla
y están todas vacías en el fondo.

Hay chicas que te arrastran hasta el fondo
despiertas por el día y por la noche,
que te inyectan canela entre la niebla
destrozando con saña cualquier sueño,
que llegan a aterrarte con su risa
de dientes antipáticos de luna.

Hay otras que residen en la luna
porque no tienen nada por el fondo,
que a veces te dedican una risa
y que temen salir ya muy de noche;
es normal que estas tengan algún sueño
que luego se confunda entre la niebla.

Pero otras son la luna entre la niebla,
un fondo de violines cada noche
y un sueño en la frescura de una risa.

(Nota: Este poema puede encontrarse en mi poemario “Penúltimo momento“)

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