Ernesto Filardi

Realmente es muy perverso este mundo en el que vivo si ahora lo alternativo es querer escribir verso.

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La casa de la abuela

Mamá no tiene fuerzas (los recuerdos
tienden a ser molestos invitados)
y te ha pedido a ti que te hagas cargo
para poder estar a solas con papá
después del velatorio.

La casa de la abuela resume su existencia.
¿Cómo empezar, por tanto, a recogerla?

No tardas más que un rato en encontrarte
pedazos de ti misma:
la taza que trajiste de Venecia
para su colección, dos o tres fotos
(tu orla, cumpleaños, navidades…)
y el dibujo del árbol y la casa
en el que a los seis años escribiste
“te quiero, yaya” en témpera amarilla.

La mujer de las fotos,
esa mujer que hablaba tan despacio
mientras que tú querías marcharte a toda prisa
si alguna vez tenías tiempo de visitarla
se ha marchado, y ahora te das cuenta
que desconoces todo de su vida:
si fue tenaz, si fue desconcertante,
si soñaba al besar cuando era joven,
si miraba el final al empezar un libro,
si debió claudicar algunas veces
para vivir tranquila entre los suyos…
Nunca podrás saberlo.
Al menos no estará para contártelo
ni para preguntarle por canciones
antiguas, por recetas, por historias
que son parte de ti aunque las desconozcas.

Comprendes que una puerta se ha cerrado
mientras lo metes todo en una bolsa,
y asumes ese cargo de conciencia
que te acompañará toda la vida
como un ángel guardián
tan arrogante como inoportuno,
tan insolente como justiciero.

La casa de la abuela

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Invitación de boda

“Sebastián y Mercedes se complacen
en invitarle a su esperado enlace
que se celebrará…” Cierras la carta.
Respiras. Te emocionas y sonríes.
La semana pasada aquel muchacho
que te llamó señora, hace dos días
te encontraste una cana, y ahora esto:
el primer matrimonio de una amiga.
La vida avanza a pasos de gigante
y tú sientes que estás perdiendo el tiempo.

Te miras al espejo y te preguntas
quién eres, dónde ha ido aquella niña
que casi no recuerdas. Sientes vértigo.
¿Quién será Sebastián? ¿Ese de gafas?
¿Cuánto hace que no llamas a Mercedes?
¿Irás sola? ¿Con Luis? ¿No es demasiado?
¿Algo precipitado? ¿Te da miedo?
¿Es verdad que de bodas salen bodas?
¿Quieres casarte? ¿Es pronto? ¿Y tener hijos?
¿Te vas a quedar sola, vieja y fea?
¿Morirás rodeada de cuatro o cinco gatos?

Tranquila, que tampoco es para tanto.
Aún no has decidido qué te vas a poner
ni en qué color: azul cielo nublado,
verde falsa esperanza, rojo sangre,
morado porvenir, negro futuro,
amarillo envidiosa sin remedio…

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Yo no tengo la culpa

Yo no tengo la culpa. De pequeña
me leíais cuentos cada noche,
y yo me imaginaba un bosque, un mar,
un caballo que hablaba, una gaviota…
y un día, de repente, no me leísteis más
y yo me quedé triste en el mundo de siempre.
¿Qué queríais que hiciera? ¿Que llorara?
Pues no, mamá, me da igual que te enfades,
me chilles o me quites la linterna:
apagaré la luz cuando yo quiera.

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Liturgia anual

Crecer es, ante todo, conocerse
dándose a conocer a los demás,
y ya estás en edad de preguntarte
qué imagen quieres dar a todo el mundo:
romántica, rebelde, independiente,
si buscas provocar o ser parte del grupo.
Tardaste una semana en decidirte
entre actores, paisajes, monumentos,
grupos de pop, de rock, fotos abstractas,
películas, caballos o gatitos.

Los adultos que piensan que los jóvenes
no tienen ni principios ni valores
olvidan con frecuencia una liturgia
privada, imprescindible y minuciosa
que debe repetirse cada año:
tijeras, pegamento, algunas fotos,
plástico de forrar y una carpeta.

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Mobbing

Hola puedes subir a mi despacho
sé que estás ocupada será sólo
un momento quisiera comentarte
algo a solas ¿café? ¿sí? ¿con azúcar?
no hay leche ¿no te importa? ¿qué tal todo?
¿tus padres bien? no tienes hijos ¿no?
bueno vamos a ver cómo lo digo
hay crisis inminente ya lo sabes
y tenemos que hacer algún ajuste
pequeño no queremos sustos pero
vamos a recortar algunos gastos
habíamos pensado en despedirte
pero estamos contentos y por eso
queremos que te quedes con nosotros
después de lo que te hemos enseñado
no queremos perderte pero claro
la crisis llega y llega para todos
como comprenderás es necesario
que hagas un sacrificio poca cosa
si vas a compararlo con lo nuestro
es sólo que tendremos que pedirte
un poco más de carga laboral
quizás un cometido nuevo eso no quita
que sigas además con lo de ahora
no te pongas así mujer no es nada
será por poco tiempo dos añitos
o quizás tres ya ves qué son tres años
total no tienes hijos y seguro
que no estabas pensando ahora en tenerlos
con lo que se avecina ya me entiendes
no pongas esa cara escucha mira
voy a serte sincero tú no sabes
qué gran esfuerzo ha sido el de nosotros
lo hemos pasado mal durante días
hasta esta decisión no quiero tanta
responsabilidad pero qué quieres
somos una familia y hay momentos
en que hay que transigir con ciertas cosas
de veras que te envidio no es tan fácil
tener que hablar así a otro compañero
entonces todo claro no hay problema
te has quedado callada lo comprendo
tendrás que meditarlo con la almohada
nada mujer si luego te acostumbras
igual que a no cobrar las horas extra
sí sí tranquila estamos negociando
y ya sabes las cosas de palacio
van de aquella manera me permites
un consejo mejor deja las quejas
al jefe no le gusta y sufre mucho
con estas cosas ¿sabes? ¿no recuerdas
lo de Julián y Rosa? pues lo mismo
puede pasarte a ti así que hazme caso
y vuelve a trabajar me alegro mucho
de verte ¿no te tomas el café?
¿puedes lavar la taza cuando salgas?

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Preguntas

¿Cuántos días se tarda en ir al cielo?
¿Hay pájaros en China? ¿Comen pipas?
¿Por qué Papá Noel no tiene coche?
¿Antes de nacer yo os gustaba el queso?
¿Los lobos tienen casa? ¿Y los payasos?
¿Por qué dice papá siempre “puñetas”
y “cagoendiez”? ¿Quién hizo las canicas?
¿Los helados de qué planta los sacan?
¿Lo que sueño es verdad? ¿Los ogros rezan?
¿Por qué lloras a veces por las noches?
¿Qué significa “mustio”? ¿Y “requisito”?
¿Las legañas son buenas? ¿Cuántos días
quedan hasta mi cumple? ¿Y ahora cuántos?
¿Por qué corren los perros tras los gatos?
¿Cuando tú eras pequeña el mundo estaba
todo en color o sólo en blanco y negro?

 

(Foto: Sundaram Ramaswamy)

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Dos ruedas

Papá tú aquí detrás no no te vayas
que me da mucha cosa aquí a mi lado
quédate sí las manos ahí detrás
verás qué bien lo hago ya me sale
mucho mejor me caigo pocas veces
de verdad te prometo que me sale
ya sé que es muy difícil y por eso
quiero que estés aquí y que no me sueltes
y que no digas nada y no te rías
tú empújame y yo muevo los pedales
empújame otro poco solo un poco
y llamas a mamá y se lo decimos
y se pondrá contenta ahora más rápido
empújame más fuerte así más fuerte
más fuerte todavía papi corre
y ahora suéltame ya voy yo sola
mira qué bien me sale ¿estás contento?
¿ves como no me caigo con dos ruedas?
¡No te vayas papá mírame un poco!
¡Papá mira papá que voy sin manos!

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Chuches

…tres nubes y una mora, no, un osito
o mejor dos o… sí sí regaliz,
del negro no, que pica, de ese rojo
y también… gusanitos, una bolsa
y un ladrillo y dos chicles y una fresa
y un… ¿tiene palolú? ay, que no sé,
que es que me gusta más el… ¿me lo cambia?
¿un chicle por un sugus?… de cereza
no, mejor el azul que es el de piña
y algo de pica pica y un teléfono
y un sobre de tintín y un… ¿cuánto llevo?
¿me avisa cuando vayan cien pesetas?

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Siempre está en torno a ti

Siempre está en torno a ti.
Le gusta lo que miras. Le divierte.

Le apetece,

y quiere que lo cojas para él
(por alguna razón, le pertenece).

Tú no lo puedes ver
porque cuando lo buscas se diluye
y pierde su atractivo.
Tú no lo puedes ver, pero él te observa
y espera, porque sabe que algún día
te va a vencer. Ya no será posible
renegar de sus garras, de su reino.
El día llegará. No estarás sola,
aunque quizás entre desconocidos,
y él llamará a tu puerta, sonriendo,
y tú dirás que no, que no debes hacerlo,
que arriesgarías mucho, que no vale la pena,
pero él sabrá mirarte como tú no sabías
y con un “¿por qué no?” te habrá vencido.

Tu vida, desde entonces, será otra.
Y cuando al día siguiente te levantes
quizás arrepentida, quizás insatisfecha
o quizás deseando repetir
te acordarás de él
y sabrás que algún día volverá
con drogas, con alcohol, con hombres, con mujeres,
con joyas, con cuchillos, con dinero…

Tú no lo puedes ver, pero él te observa.
Por alguna razón, le perteneces.

 

 

(Nota: Este poema está incluido en mi libro “La niña y el mar“)

La belleza

Las fotos de la agencia de viajes,
como era de esperar,
no hacen justicia al sitio ni a su encanto.
Desde este mirador donde te encuentras,
el paisaje, la luz, los monumentos
son algo más que imágenes: son vida,
legado de otras gentes que dejaron
su belleza en su paso por la tierra.

La belleza,
un concepto sutil, fugaz, voluble
que tiene, sin embargo, un mismo componente
en Londres, en Marruecos, en Jamaica
o en cualquier otro sitio pisado por el hombre:
la belleza es el cauce que nos lleva
a ser mejores en el día a día.
Cuando frente a nosotros se yergue la belleza
algo en nuestro interior quiere ser bello
para que nos avale o nos resuma
cuando no quede nada de nosotros.
Amar es el deseo de ser uno
con lo que nos parece más hermoso.

Luego, mientras sonríes a la cámara,
asumes lo minúsculos que somos
y que es ridículo pensar que estamos
en posesión de la verdad completa.
Tanto por visitar, tantos destinos
que no conocerás,
son la vida entendida de otra forma.

Poco después te marchas consultando
la guía de viajes. A tu espalda
queda el lugar donde has sido feliz
por un momento. Puede que no vuelvas,
pero, a partir de ahora, en muchos de tus gestos
(una sonrisa a tiempo, un buenas tardes,
un cómo estás, un cuánto lo agradezco),
ese lugar, que ya es parte de ti,
se muestra al mundo en toda su grandeza.

(Nota: Este poema está incluido en mi libro “La niña y el mar“)

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