Con cara de (casi) lunes

Hoy es domingo. En la parte inferior derecha de esta pantalla que tengo delante veo que son las 21.24. Imagino que muchos de vosotros estaréis de acuerdo conmigo en que este momento del día es uno de los peores de la semana: la tarde-noche del domingo. Ese momento en el que es demasiado tarde para hacer nada porque al día siguiente es lunes, pero a la vez quieres hacer algo especial para terminar de aprovechar el finde.


A mí se me ha ocurrido que, tras unos cuantos días con el blog, debería escribir algo para comentar cuál es mi intención, qué pretendo hacer en/con él… Pero es domingo, ha sido un día largo con ensayo incluído, y, de verdad, no se me ocurre nada. Dejemos esa idea para más adelante. De momento, os dejo otro poema con el que, por ejemplo, podemos recordar todo lo que volveremos a encontrarnos a partir de mañana lunes. Se trata de una versión ampliada de un poema que está publicado en Penúltimo momento:




Trabajar sin llevar trabajo a casa,
¿hoy cómo voy? ¿en tren, en bus o en coche?
cumplir con el reparto de tareas
domésticas, pensar en hacer compra,
aguantar al pesado del casero
que siempre se despide con piropos
groseros y poco imaginativos,
tragar cola en el súper y el cajero,
comprar los suplementos de cocina,
contar las calorías, los hidratos, descartando
las grasas saturadas y el azúcar,
comer, alimentarte, hacer la cita
para el chequeo, el médico, el dentista,
el ginecólogo, el taller, la pelu,
revisar las facturas, los recibos
del banco, de la luz, llevar las cuentas
escribiendo, añadiendo, comprobando
las notas de la agenda que no acaba,
poner la lavadora sin pasarse
de jabón, ocupar los todo a un euro,
echar la primitiva, hablar del tiempo
con los vecinos, gracias, hasta luego,
pensar en la comida de mañana,
temerse lo peor al cocinar
con olla exprés, abrirla sin quemarse,
hola mi amor, contar qué tal tu día,
saber qué tal el suyo, consolarle
si fuera necesario, ver la tele
mientras cenáis, llamar a tus amigas,
llevarse bien con todas aclarando
tontos malentendidos cotidianos,
¿podré por fin dormir mis ocho horas?
cerrar (de nuevo) el bote del champú,
desmaquillarte bien, la mascarilla,
la cera, la hidratante, la antiestrías,
limpiar con litros de agua oxigenada
la sangre de la regla de las bragas
mientras él friega y tiende, sacar tiempo
para poder leer esa novela
que te ha recomendado todo el mundo,
echar un polvo, hablar de vuestros planes
y dormirte en su pecho, imaginando
que va a llegar un día en que, de pronto,
todo tendrá sentido y será fácil.

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2 pensamientos en “Con cara de (casi) lunes

  1. Pingback: La niña (2) « Ernesto Filardi

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