El Día Internacional de la Belleza

Escribo poesía y dirijo teatro. Puede decirse, por tanto, que el mes de marzo es un mes especial para mí, ya que el 21 de marzo es el Día Internacional de la Poesía, y el 27 el del Teatro (lo cual me recuerda que estáis todos invitados al Ambigú Artístico que haremos mañana sábado en el Teatro La Galera de Alcalá de Henares, dentro de la programación de La Noche de los Teatros de la CAM). Me gusta pensar que esta zoociedad se acuerda, al menos un día al año, de semejantes cosas. Luego leo opiniones como la de Rosalía y me doy cuenta de que también tiene razón. Llevo dándole vueltas unos cuantos días y creo que lo mejor que tengo que decir sobre esto ya lo escribí en un blog que terminé abandonando hace tiempo. Así que retomo ese texto descontextualizándolo y volviéndolo a contextualizar para dar hoy mi opinión sobre esto:

A lo largo de mi vida he tenido la suerte de poder viajar bastante, y si algo he podido aprender de todo ello es que quizás la belleza no es el motor que mueve el mundo, pero sí el poso que permanece después de todo lo demás. Quiero decir que en nuestro día a día se está haciendo cada vez más fuerte el odio generalizado, el mal rollo porque sí, la tensión ineludible, el ruin stress que nos corroe, la mala educación, la lucha por la lucha, el sí porque sí o porque no. Pero el hombre no puede sentirse siempre cansado de estar vivo, y en su intento fugaz por huir de la corriente tenebrosa descubre algo (cada cual lo suyo) que le habita, le complementa y le resume. Y así llegamos a la belleza, pues lo que ha caracterizado al Ser Humano a lo largo de la Historia (y hablo de Seres Humanos con mayúsculas y no de hotentotes militarizados que sólo respiran al ritmo de las guerras, que de todo ha habido en este cielo no siempre azul) ha sido la búsqueda permanente de la Belleza, sea en Kyoto, en Alcalá, o en Roma, en Écija, en Boston o Port Moresby. El concepto de Belleza ha ido cambiando a lo largo de los siglos y los lugares, claro, pero que Rubens se hubiera espantado ante las obras de Modigliani o Tomas Luis de Victoria ante las sinfonías de Mahler no cambia nada. No es un tema que tenga que ver con religiones, culturas, nacionalidades, vivencias esotéricas u otras zarandajas. Hablo de que la Belleza, también con mayúsculas, ha sido, es y seguirá siendo una búsqueda innata del Ser Humano: todas las culturas dejan tras de sí una huella que los identifique en un futuro quizás no tan lejano, cuando hayan muerto todos aquellos que vieron cómo se iba levantando aquella obra. Esas huellas, casi siempre dignas de ser recordadas y conservadas, representan el Patrimonio de la Humanidad, que, como bien indica la Unesco, “es nuestro legado del pasado, con el que vivimos hoy, y lo que dejaremos a las generaciones futuras”. De ahí que necesitemos Días Internacionales de la Poesía o del Teatro.

Ahora bien: es tal la amenaza que nos inflige la fealdad absoluta que nos rodea que se ve urgente contraatacar con belleza. Porque no siempre tenemos el tiempo necesario para visitar una catedral gótica o para escuchar a Brahms o para leer a Garcilaso. Ojalá lo tuviéramos, por supuesto. Pero ya que no es así, saquemos de una vez y sin pudor lo bello que hay en nosotros mismos. Me refiero a las palabras tiernas, los exquisitos modales, los buenos momentos compartidos con nuestros más cercanos, el intento cotidiano de ayudar al prójimo sin más, el cambiar la descalificación gratuita por un intento de conversación, el apagar el claxon para siempre, el sonreír sin motivo aparente, el buenos días, el buenas tardes, el buenas noches, el qué guapa vas esta mañana, el qué suerte tenerte a mi lado, el necesita usted algo, el déjeme que le ayude por favor, el gracias cómo se lo agradezco… Todo eso forma parte también -y cómo- de la Belleza. Y todos somos, de algún modo, bellos. O al menos eso quiero creer. A fin de cuentas, ¿qué es el amor sino el deseo de ser uno con aquello que consideramos bello?.

Por eso, porque no seríamos nadie sin ella, hagamos un trato: procuremos desde hoy, o al menos hoy, entregarnos al gozo indescriptible de ser felices y hacer felices con la Belleza, con la de cada uno de nosotros. Porque no cuesta nada y vale mucho. Porque cuando ya no estemos aquí, será ella quien nos avale y nos haga ser recordados. Porque también nuestra propia e intransferible Belleza es lo que dejaremos a las generaciones futuras.

Feliz día de La Poesía. Feliz día del Teatro. Feliz día de la Belleza.

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6 pensamientos en “El Día Internacional de la Belleza

  1. Como bien dices, este mundo de arte y pasión está muchas veces olvidado. Pero ahí estamos los guerreros trompeteros, que con nuestra pluma y nuestra nariz de clown luchamos contra toda esta sociedad maldita!

  2. ¡Trato hecho!

    Me comprometo a vencer el pudor, buscar lo bello que haya en mí y compartirlo.

    Y a correr la voz para conseguir la globalización de la Belleza.

    Todavía quedan un par de días de Marzo para seguir celebrando, que dísfrutes de tu mes especial!!!!!

  3. Leyéndote se aprende tanto de ti…y no importa la edad que tengamos cada uno. La “vida es bella” con todo lo que se ha escrito sobre ella. Hasta en las “pelis”. Y como dice el refrán, “si la vida te da limones vas y te haces limonada” Sigue siempre escribiendo estas páginas tan bellas y que nos hacen pensar, que es otra de las cosas que tampoco tenemos mucho tiempo.

  4. La vida es poesía y teatro entre otras cosas, y estas dos disciplinas se han vuelto parte imprescindible de la mia. Opino que la belleza casi siempre se confunde con una apariencía agradable a la vista, pero no siempre es así, he comprobado lo que dices en personas y obras aparentemente desagradebles al acercarme a ellas y me han demostrado que la belleza esta en los detalles y las maneras como dices, a veces la apariencia engaña y lo “feo” resulta amable, sincero y magico y en definitiva bello. Descalificar y enfadarse es facil, pero igual de facil es hacer lo contrario, solo hay que entrenar la predisposición a hacerlo. La empatía es un dón que hay que practicar siempre.

  5. Pingback: Allegri, Kyoto, Azúa y JotDown « Ernesto Filardi

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