Reencuentro

Es fácil ciertas noches encontrarme
como quien descubre su alma en una pecera
y canto y sufro y beso las paredes
cediendo el tiempo a lo que siempre pierdo
y te sueño y me muero y te evaporas.

Libros que pesan como suspiros pasados,
historias que recuerdan lo que ha sido,
cerillas que se apagan sin prenderse.

El canto general no siempre acierta
y hay veces que un silencio me aterra
y hay silencios que llaman al llanto
y hay llantos que secan las montañas.

Duermo o no, quién lo sabrá si no me llamas
a preguntar por alguien que eleve tu voz
hasta más arriba de los armarios donde
habremos de guardar sin dudarlo
los anillos de nácar y las cuerdas.

Descubrir que es posible amarte sin poemas
ni nadie que idolatre la amargura
que de siempre ha acompañado a la ignorancia
y al verte reposar entre franelas.

Aprender a mirar ya sin postales
ni canarios ni adoquines ni contratos.
Contar el tiempo por velas,
por canciones o por besos
o por valses teñidos de agridulce
y saber que las agujas no son nuestras,
que fabrican un aroma para otros destinos.

Si tan solo pudiera hacer un agujero
en que tú te mostraras como eres,
como sé que debes ser en la penumbra,
imaginándome y nombrando mi nombre
como si siempre fuera este ahora mismo
y tus pisadas pudieran anunciarse.

Tan solo has de llamar a cien guardianes
que quieran expulsarme o engatusarme.
Aquí estaré desnudo y algo cabizbajo
pero con un futuro que aguarda tus barajas.

Desliza tu azafrán entre las servilletas para siempre
o permite que al menos mis delirios
permitan descifrar tu anatomía,
y así bailar por siempre en la marea,
hasta que el océano haga sonar sus campanadas.

(Nota: Lo escribí hace muchos, muchos años. Hoy me lo he vuelto a cruzar, y quería compartirlo con vosotros, aunque sólo sea porque llevo no sé cuantos sonetos seguidos en el blog. Se admiten/ruegan comentarios.)

Aquel que la templanza aborrecía

Gabriel Bocángel fue un poeta madrileño del siglo XVII. Sus versos, exquisitos y reflexivos, gozaron de cierto reconocimiento en su época, si bien no son hoy tan célebres como los de sus amigos Lope o Góngora. Bocángel, presagiando que eso iba a suceder, compuso un soneto espectacular dedicado a sus propios poemas, en donde intentaba consolarles del posible olvido al que iban a ser desterrados algún día. El soneto es el siguiente, y quisiera aclarar previamente que, en este contexto, la palabra “avena” designa un tipo de flauta parecido a la zampoña.

Ocios son de un afán que yo escribía
en ruda edad con destemplada avena;
arbitrio del amor, que a tal condena
a aquel que la templanza aborrecía.

Canté el dolor, llorando de alegría,
y tan dulce tal vez canté mi pena
que todos la juzgaban por ajena,
pero bien sabe el alma que era mía.

Si de todos no fuereis celebradas,
voces de amor, mirad mi pensamiento:
veréis que no mejor fortuna alcanza.

Ningún discreto os llame malogradas,
que, si os llevare solamente el viento,
allá os encontraréis con mi esperanza.

No sé, como Bocángel, si dentro de cien años alguien seguirá leyendo alguno de mis versos. Pero me conformaría con cualquier cosa si, al final de mi vida, tuviera la certeza de haber escrito un poema tan bello como éste.

Leandro

En la mitología griega, Leandro era un joven que se enamoró de Hero, una sacerdotisa de Venus que vivía en Sestos, a las riberas del Helesponto, que es lo que hoy llamamos el estrecho de Dardanelos. El asunto no hubiera sido especialmente interesante para nosotros de no ser porque el vivía en Abidos, una población al otro lado del mar. Y es que el bueno de Leandro, que debía tener una espalda impresionante, se decidió a atravesar cada noche el Helesponto a nado para encontrarse con ella, que le aguardaba en lo alto de una torre con una antorcha encendida para hacerle de faro. Así lograron encontrarse varias veces, pero se desató una fuerte tormenta que duró siete días y Leandro, impaciente, no pudo contenerse más. Se echó a nadar, la antorcha se apagó, las fuerzas le fallaron, y las olas arrojaron su cuerpo a las costas de la ciudad donde vivía Hero, que no pudo soportar el dolor y se arrojó al mar desde lo alto de su torre.

Y, sí, como podéis imaginar, os cuento esto para que sirva de introducción a un poema. Se llama, en un alarde de originalidad, Leandro, y está publicado en mi poemario Penúltimo momento (Madrid, Sial, 2005).

Por ti nadaré el mar que nos separa
siempre que el sol nos niegue su cuidado.
Por ti buscaré el buen morir al lado
de este dulce calor que nos ampara.

La luna crecerá y hará más clara
la noche; pero yo, de ti prendado,
me guiaré por el brillo acompasado
que reluce en los rasgos de tu cara.

Sigue pues en tu empeño de adorarme,
alíviame el amor entumecido,
sáname con tus pálpitos traviesos,

pero no dejes nunca de alumbrarme
o se transformará el agua en olvido
y me ahogaré, olvidado de tus besos.

Qué hacer esta semana

El próximo viernes, 23 de abril, los Reyes entregarán el Premio Cervantes al escritor mexicano José Emilio Pacheco. Con motivo de ese día, en la Universidad de Alcalá se celebra durante esta semana el Festival de la Palabra, cuyo programa completo podéis encontrar aquí. En el Aula de Teatro hemos decidido volvernos un poco locos, liarnos la manta a la cabeza y realizar una serie de actividades a las que, por supuesto, estáis invitados.

En primer lugar, y como ya os conté, todos los martes, jueves y viernes de abril, a las 10.00 y a las 12.00, el espectáculo didáctico “Que están respirando amor”. El viernes 23, por tanto, tenemos dos funciones.

El mismo 23, además, se realizará una visita poética nocturna a patiios de la Universidad. La visita, a la que hemos llamado “Ocios son de un afán que yo escribía”, está integrado en su totalidad por poemas de autores del Siglo de Oro que estudiaron en Alcalá y de poetas que han ganado el Premio Cervantes. La visita será a las 21.30, aunque nos han confirmado desde organización del Festival que ya se han cubierto las plazas.

Al terminar la visita, a las 00.00 horas, en el Teatro La Galera tendremos un Ambigú Literario. Imagino que muchos de vosotros sabréis que el Ambigú es un café teatro que se organiza en La Galera un jueves al mes, con consumición incluida, a las 20.00 horas. En este caso lo movemos al 23 y a una hora más canalla para reencontrarnos con la literatura de José Emilio Pacheco, de Juan Marsé y alguna que otra sorpresa.

Por último, el sábado 24, a las 20.00, función especial de “Que están respirando amor” para público general. Entrada libre, al igual que todos los actos del Festival de la Palabra.

Como veis, esta semana estamos hasta arriba. Pero estamos encantados.

¿Nos vemos allí?

Remedia doloris

Cada vez que me ataca la tristeza
sedentaria, rugiente y clandestina;
cada vez que me rapta la rutina
para hacerme rehén de la pereza;

cada vez que me muerde la certeza
de saber que mi cuerpo es una ruina;
cada vez que colocan otra espina
en la corona que hay en mi cabeza,

te miro en esa foto inolvidable,
recuerdo tu suspiro y tu murmullo,
me observo, me relajo, me acomodo,

y pienso que la vida es formidable
porque quien me ha elegido como suyo
es risa, es beso, es mano, es labio, es todo.

Esquirlas

Es un modo de perderlo todo,

para encontrarlo todo.

(Alessandro Baricco)



Suele ser un segundo.
A lo sumo un minuto, si es que alcanza.
Ocurre cuando el mundo
agita la balanza
y te muestra que siempre hay esperanza.

El galán de la Membrilla

Digámoslo claramente: soy un friki de Lope de Vega. Qué se le va a hacer. De momento no llego al punto de comprarme caretas de plástico de sus personajes para ponérmelas en los estrenos teatrales con jubón y gregüesco, pero todo se andará.

El caso es que para mí Lope es mucho Lope, y sobre todas las cosas está “El caballero de Olmedo“, donde a Medina del Campo llega un galán de Olmedo llamado don Alonso y a ciertos mozos del pueblo no les gusta demasiado que la chica guapa, Inés, le mire con buenos ojos. Desde hace unos años, el ayuntamiento de Olmedo organiza el Festival de Olmedo, al igual que sucede en Almagro, Alcalá y otros tantos lugares.

El bueno de Lope escribió “El caballero de Olmedo” a partir de una coplilla conocida en la época, que era algo así como:

Que de noche le mataron,

al caballero,

la gala de Medina,

la flor de Olmedo.

Del mismo modo, Lope escribió una comedia llamada “El galán de la Membrilla”, donde un galán de Membrilla llega a Manzanares y se lleva a la chica guapa. También en este caso, Lope se inspira en una coplilla previa bastante conocida por el público de la época:

Que de Manzanares era la niña

y el galán que la lleva, de la Membrilla.

Hoy viernes, la compañía de teatro Cachivaches estrena “El galán de la Membrilla” en el pueblo de Membrilla, bajo dirección de Antonio Malonda y versión del que está escribiendo estas líneas. En unas horas saldré para allá.

Mientras tanto, os dejo un soneto de la obra, en el que Leonor, la dama, aguarda a que llegue Félix, su chico, que ha ido a poner su vida en peligro por limpiar el honor (¡ay, el honor!) de ella y de su familia. Y a ella, como buena dama lopesca, le gustan las emociones fuertes y la vida turbulenta.


Amor sólo es dichoso cuando aguanta
que la Fortuna haga girar su rueda.
¿Hay bien sin mal? ¿O mal que tanto exceda
que el bien no pueda así posar la planta?

Sin azar no hay placer; no hay mar en tanta
bonanza que la luna se esté queda;
ni tan dulce manjar que serlo pueda
si un poco de limón no lo levanta.

También quiero gozar del agrio gusto
pues hay agrios manjares delicados,
igual que hay que sufrir el tiempo justo;

venid, disgustos, mas venid templados,
que si amor no tuviera ni un disgusto
¿cómo tuviera gustos sazonados?

Leda

Hace unos días me contaron el origen de la expresión ab ovo. Por lo visto, hace referencia al huevo del que nació Helena de Troya, cuya belleza causó la guerra de Troya, cuya destrucción causó que Eneas hiciera un viaje larguísimo que supueso al fin la fundación de Roma.

Entre las innumerables leyendas de la mitología griega, siempre me ha llamado la atención la de Leda, madre de Helena de Troya, de Clitemnestra, de Cástor y Pólux. La buena de Leda, cuenta la leyenda, tuvo sexo con Zeus que se había transmutado en cisne, y a los nueve meses tuvo dos huevos de los que salieron sus cuatro hijos.

Podríamos cuestionar un poco esta leyenda, porque si Leda era tan bella como para que Zeus se prendara de ella ¿qué demonios hacía montándoselo con un cisne? ¿Fue la primera y única vez, o también le daba a los patos, faisanes y ánades que encontraba por la ribera del río Eurotas?

En fin, lo que yo quería era dejaros un soneto. Y aquí está:

Aunque de siempre fui patito feo
en cisne me trocaste al conocerte,
y huyendo del olvido y de la muerte
me cediste estas alas que aquí veo.

Renegando de todo lo que creo
en trono salvador quise ponerte,
mas no pensé en las vueltas de la suerte
ni en que llegase el fin de tu deseo.

Lamento que tu amor alas me diera
mientras el mío a ti no te dio tanto,
buscando desde entonces quien te quiera.

Pero al menos consuela mi quebranto
saber que mi pasión fuese sincera
aunque deba morir con este canto.

Nota: el poema original puede encontrarse en mi poemario “Penúltimo momento”, publicado por Sial.

Fin de semana

El estreno fue muy bien. El teatro completo, los alumnos se portaron bien, los profesores quedaron contentos, yo me comí algo de texto al principio…

Pero eso fue hace ya dos días. Dos días completos. El martes hay nueva función, y luego el jueves, y tengo que seguir elaborando proyectos para final de abril, y otro para principios de mayo…

No te levantes todavía espera
los sábados dijimos son sagrados
así que ven aquí vamos a hablar
de qué vamos a hacer cuál es el plan
podemos ir al cine hacer la compra
ver qué echan en la tele tomar algo
con estos visitar a tu familia
o a mis padres luego tengo que llamarlos
recuérdamelo ¿quieres? qué pereza
me da el pensarlo ¿vamos de museos?
hay una exposición interesante
y después un helado no mejor
nos quedamos aquí toda la tarde
y me das un masaje de los tuyos
perdóname estoy vaga ¿no te importa?
quiero perder el tiempo y no hacer nada
aunque luego me sienta tan culpable
como todos los fines de semana
no sé qué hacer ¿a ti qué te apetece?

Demasiado autobiográfico, sí. Lo siento. Ahora mismo no me imagino otro poema con el que pueda sentirme más identificado.

Cuatro horas

La teoría que tenemos es esta:

Ya sabíamos desde hace muchos años que corren malos tiempos para la literatura, cuyo lenguaje poético se ha difuminado en nuestro día a día, hasta el punto de que sólo podemos toparnos con él apenas en las canciones de la radio y no siempre. Por supuesto que siempre tenemos a nuestra disposición los libros y las bibliotecas y ese inabarcable mundo virtual llamado Internet, pero en un mundo tan mercantilista como el nuestro se hace difícil que exista una demanda si no se ha promocionado previamente una oferta que provoque una necesidad. En otras palabras, hoy sólo consumimos literatura aquellos que la conocíamos previamente (gracias a misteriosos afanes del destino en forma de algún profesor excepcional) y que, además de la esencia comunicativa, creemos en el poder evocador de las palabras. Pero necesitamos ofrecer esa riqueza, compartir la experiencia de la palabra a nuevos públicos, nuevos destinatarios a quienes no puede dejar indiferentes un mundo literario que es afín a su mundo interno sin que lo sepan aún.

Hablamos, por supuesto, de los adolescentes, que están respirando amor.

La LOE (Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación) establece en el artículo 23 que “la Educación Secundaria Obligatoria contribuirá a desarrollar en los alumnos y las alumnas las capacidades que les permitan, entre otros aspectos, fortalecer sus capacidades afectivas en todos los ámbitos de la personalidad y en sus relaciones con los demás, así como apreciar la creación artística y comprender el lenguaje de las distintas manifestaciones artísticas, utilizando diversos medios de expresión y representación”.

En cuanto al Bachillerato, el artículo 32 afirma que “tiene como finalidad proporcionar a los alumnos formación, madurez intelectual y humana, conocimientos y habilidades que les permitan desarrollar funciones sociales e incorporarse a la vida activa con responsabilidad y competencia, destacándose entre sus objetivos consolidar una madurez personal y social que les permita actuar de forma responsable y autónoma y desarrollar su espíritu crítico, así como  afianzar los hábitos de lectura y, por último, desarrollar la sensibilidad artística y literaria, así como el criterio estético, como fuentes de formación y enriquecimiento cultural”.

A nadie se le escapa que la literatura es una vía tan insólita como eficaz para lograr dichos objetivos. Consideramos, en contra de la opinión generalizada, que los adolescentes de hoy no son peores que lo fuimos nosotros. Han cambiado los modos y las modas, pero en el fondo subyace el mismo problema: la necesidad de encontrarse a uno mismo en un mundo que cambia más deprisa de lo que nunca, en el resto de nuestra vida, cambiará. Creemos positivamente que los chavales de hoy (como los de ayer, como los de anteayer) son receptivos al placer estético literario. Sólo precisamos ampliarle su horizonte para hacerle ver que la literatura no es únicamente eso de los cuartetos y los tercetos que necesita memorizar para poder aprobar la asignatura de Lengua y Literatura: en la literatura pueden encontrar respuestas a lo que les preocupa, reflexiones íntimas sobre dichas preocupaciones y modos distintos de explicar aquello para lo que no encuentran palabras.

Ahora faltan cuatro horas para que se alce el telón (metafóricamente hablando, porque la obra comienza a telón abierto) y aquí estoy, repasando textos mentalmente, cuidándome un poquito la voz, bebiendo agua, desayunando fuerte. Recordando las locuras de amor que yo también hice a los quince, y a los dieciséis, y a los diecisiete…Y sólo aspiro a cumplir con la teoría.

Quien no comprende a esa edad algo como:

“porque a la hora que os vi

os di cuanto en mí tenía,

así que no soy en mí

sino en vos, señora mía”

no lo podrá comprender nunca.