Aquel que la templanza aborrecía

Gabriel Bocángel fue un poeta madrileño del siglo XVII. Sus versos, exquisitos y reflexivos, gozaron de cierto reconocimiento en su época, si bien no son hoy tan célebres como los de sus amigos Lope o Góngora. Bocángel, presagiando que eso iba a suceder, compuso un soneto espectacular dedicado a sus propios poemas, en donde intentaba consolarles del posible olvido al que iban a ser desterrados algún día. El soneto es el siguiente, y quisiera aclarar previamente que, en este contexto, la palabra “avena” designa un tipo de flauta parecido a la zampoña.

Ocios son de un afán que yo escribía
en ruda edad con destemplada avena;
arbitrio del amor, que a tal condena
a aquel que la templanza aborrecía.

Canté el dolor, llorando de alegría,
y tan dulce tal vez canté mi pena
que todos la juzgaban por ajena,
pero bien sabe el alma que era mía.

Si de todos no fuereis celebradas,
voces de amor, mirad mi pensamiento:
veréis que no mejor fortuna alcanza.

Ningún discreto os llame malogradas,
que, si os llevare solamente el viento,
allá os encontraréis con mi esperanza.

No sé, como Bocángel, si dentro de cien años alguien seguirá leyendo alguno de mis versos. Pero me conformaría con cualquier cosa si, al final de mi vida, tuviera la certeza de haber escrito un poema tan bello como éste.

Anuncios

Un pensamiento en “Aquel que la templanza aborrecía

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s