De dos modos

… llega hacia mí, tus ojos y tus pies
derrama ya, la tinta de tu voz
camina en mí, desnuda por mi pecho
tus caricias, amor, a mis mordiscos
muerde un poco, nadando entre suspiros
para siempre, destierra mi temor
sin filtros, ven, que arden mis talones
en su jaula, detén mis movimientos
con los hombros, respira mis susurros
mirándome los labios, no te frenes
por más que te suplique, tu cabello
será mi perdición, verte gemir
en mitad de mi espalda, todo tuyo
rendido y desarmado, con quietud
cara a cara, distingo ese placer
que quiero oír, que quiero que prosigas
sudando sin pudor, piel sobre piel
no será suficiente, con tus besos
maquilla este momento, desde ahora
bailaré la armonía, de tus piernas
al vientre y a la nuca, sigo el rastro
marcado por tu lengua, no hay medida
que pueda protegerte, con mis brazos
descúbreme en tu mente, como nunca
déjate estremecer, pídeme así
tu ternura en la almohada, veinte años
sin fin, abrázame, manténme cerca…

Sobre un tema de Miguel Hernández

Ya sé que sueno grave y aburrido
cuando comienzo a hablar del mismo asunto
y que si lo mirara en su conjunto
vería que no es tanto lo ocurrido.

Os juro que os entiendo y que coincido
con todos en que, más que hablar, barrunto.
¡Si hasta yo mismo ya he llegado al punto
de, cuando pienso, hacerme el distraído!

Quisiera una actitud más divertida,
pues lo que hago es echar más leña a un fuego
que no se va a encender de todas formas;

pero ¿qué voy a hacerle si la vida
se empeña en presentarse como un juego
del que nunca podré saber las normas?

Geometría básica

Durante aquellos días tan sonoros
con mil notas de tiza por las calles
y derroches de amor por las esquinas,
me convencía y quise convencerte
de que éramos pareja inigualable
como esas que se ven en los carteles
del cine, de que el suelo nos unía
como en esos poemas de Neruda
tiernos que yo te leía de noche,
y de un blanco viaje a Dinamarca
con tan solo el batir de aquellas alas
que nos crecieron durante esos días.
Como eras tan incrédula te dije
que nuestras almas iban enlazadas
pues nuestras vidas eran paralelas.

Ahora, mientras sube el ascensor
y has cerrado la puerta a mis requiebros,
sangrando tu “hasta siempre” en mis adentros
me insulto por no haber cogido ciencias
en vez de letras, para así haber sido
menos cuentista y más calculador,
y no permitir más que se me olvide
el que nunca jamás dos paralelas
tuvieron ni tendrán su conexión.

Nota: Este poema puede encontrarse en mi poemario Penúltimo momento (Madrid, Sial, 2005)

Apología de la epístola

Cuando es tan excesiva la distancia
que impone a nuestros besos tanta ausencia,
llamarte es un error, pues, con frecuencia,
lo que te digo no tiene importancia.

Mandarte un mail carece de elegancia
y no me lo permite mi conciencia,
= q m prece 1 mprdncia
1 sms sn sstancia;

un fax es una cosa poco tierna,
un telegrama (stop) es muy lejano,
y excesivo enviar un mensajero,

pero una carta, al fin, es más eterna,
y el eterno mensaje de mi mano
sinónimo será de mi “te quiero”.

Un ex-poema de Vicente Gallego

Uno de mis poetas favoritos ha sido, desde hace años, Vicente Gallego. Hay dos libros suyos que están siempre en mi retaguardia poética, que son “Los ojos del extraño” y “La plata de los días”. Según he leído en una conferencia que dio en la Fundación Juan March y en otros sitios y en otros sitios, el propio Gallego ha renunciado de ambos libros, ya que, según él, en ambos libros se ve demasiado al autor. Sobre esto, aquí hay unas cuantas declaraciones del propio Gallego que he encontrado en la red:

La poesía es sólo inocente en la medida en que el poeta no se inmiscuye en el poema, lo deja fluir, sirve sólo de cauce.

Yo declino cualquier mérito sobre mis poemas, son un regalo que recibo.

Son vuestros como lectores, pero no míos como autor, os pertenecen.

Así que aquí os dejo uno de mis poemas favoritos, que por esta regla de tres (regla cuadrada, que diría alguien que yo me sé) debe ser un ex-poema de Vicente Gallego. Me parece fantástico, porque yo lo firmaría sin problema: quizás, hace años, este hombre se metió en la Tardis del Doctor Who, viajó en el tiempo, llegó a nuestro presente, me conoció y escribió este poema.

Tonterías aparte, la pregunta es: si se me ocurre hacer un espectáculo teatral sobre estos versos ¿tengo que pagar derechos de autor?

MI IDEA DEL AUTOR

Entrego muchas horas a mi cuarto,
comparo algunas tardes, por ejemplo,
a un animal prehistórico y herido,
o a la dama que arroja, lentamente,
su lencería oscura a mi ventana.
Pero sé que la tarde es sólo eso:
una costumbre antigua de mis ojos.
Me reprocho a menudo muchas cosas
a las que no me atrevo, y los errores
que a veces cometió mi atrevimiento.
Procuro parecer un poeta mundano,
como John Donne, profundo y algo frívolo,
que se cuente conmigo en cualquier fiesta,
aunque suelen mis versos, y mi vida,
traicionar esa imagen.
No sabría explicaros, con rigor,
por qué razón escribo, abandono
esa fatiga a mis colegas doctos,
mas no quiero curarme el vicio absurdo
de las letras. Me gustan las mujeres,
pero ellas, por más que yo lo intento,
no me ayudan a ser un mujeriego.
Por su causa he sufrido de verdad
–jamás finjo el dolor que hay en mis versos,
aunque finja tal vez otros motivos–.
Se podría decir que soy feliz
en general, sin sorna ni entusiasmo,
y me veo corriente –aunque me gusto–,
creedme que lo siento, pues habría
querido para mí más altas metas,
otros tiempos proclives a la gloria.
Intento sin embargo acomodarme
a este papel que a veces me incomoda
por discreto, por triste o por amargo.
Hago inventario de los nombres idos
–procuro hacerlo con palabras bellas–,
y pierdo el tiempo censurando al tiempo
su actitud descortés para con todos.

(Nota final: La foto está tomada de photos8.com, una página muy recomendable de imágenes gratuitas.)

Mis brazos

Mis brazos son una barca inestable en un mar profundo y hostil.
En ella suben todos aquellos que quieren franquearlo.
Amo a algunos de ellos y soy correspondido,
detesto a algunos otros y soy correspondido,
pero la mayoría me son indiferentes.

Ése es el oficio de mis brazos, y no puedo quejarme.
Aunque sepa que van a hundirse sin remedio.

Huelga de poetas

España se ve afectada hoy por la segunda jornada de huelga convocada por el sindicato internacional de poetas PAA (Poetas que Aúllan al Amanecer) y que ha secundado la mayoría de los rapsodas del país. Pese al caos que ha generado el paro, las movilizaciones de protesta se están desarrollando sin incidencias. Únicamente dos poetas han sido detenidos a primera hora de la mañana por escribir unos versos de Machado en los cristales de una entidad bancaria.

Los principales afectados en Europa son precisamente los ciudadanos españoles que, sin poder acudir a fuentes fiables para construir metáforas, comparaciones y otras figuras retóricas, han visto muy mermada su capacidad para expresar sentimientos. “No sé, lo de esta huelga me deja más cabreado que… que… Vaya, que es una mierda esta situación”, se quejaba un ciudadano que no encontraba palabras para expresarse. Muchos jóvenes han optado por emplear emoticonos y hacer ruidos con las axilas para mostrar su desacuerdo con la huelga.

Puedes leer la noticia completa aquí.

(Aprovecho para recomendaros la lectura diaria de www.elmundotoday.com. Es una joya)

Determinación

Si ahora que te marchas de mi lado
vuelvo a sentir aquellas penas viejas,
permíteme regar mis tristes quejas
con el vino dulzón del desenfado.

Te confieso que estoy desorientado
en este gran desierto en que me dejas:
es duro contemplar cómo te alejas
quedándome en un poste encadenado.

Pero no voy a derramar el llanto,
ni hacer falsos alardes de lamento,
ni colgarme la túnica de santo.

Así como lo pienso te lo cuento:
prefiero que disfrutes de tu encanto
a que padezcas tú por lo que siento.

De vanguardias y caligramas

Para Óscar Santos

El joven aprendiz de poeta, alumno de Secundaria, se aburre desde hace unos meses en clase de Lengua y Literatura. Él, que en los últimos años siempre ha destacado en el certamen de poesía del instituto (2 primeros premios y una mención especial), siente que la poesía ya no le ofrece el consuelo que solía. La Lengua, a la que nunca le hizo demasiado caso, le ha enseñado que el futuro de su familia (y, por tanto, el suyo) tiene, en la mirada de su padre, forma de sintagma nominal: expediente de regulación de empleo. Es lógico, pues, que las Rimas, el Romancero Gitano, los 20 poemas de amor, la canción desesperada, y, en todo caso, los relatos de Poe, no puedan ayudarle a explicar el mundo que él solo no sabe aún explicar porque ni siquiera lo comprende. Sabe, eso sí, lo que puede suponer para la familia el despido del padre, pues la madre es ama de casa y su hermana sigue cobrando, años después de terminar la facultad, con hoja de colaboración. La profesora explica las características de la poesía modernista, y el joven aprendiz de poeta piensa que la princesa está triste porque es una ñoña insufrible y que el príncipe de Golconda o el de China deberían darse una vuelta por el mundo real.

En la fábrica no hay descanso, pero el padre necesita parar un momento porque la rehabilitación de la espalda no fue tan satisfactoria como se esperaba. Pide a un compañero que le eche un ojo a lo suyo y va al baño a refrescarse la cara. Finge una sonrisa ante el espejo, y mientras se mira las entradas susurra:

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde.

El padre, que fue quien inculcó a nuestro protagonista su amor por la literatura, también vino, de joven, a llevarse la vida por delante. Pero aquellos tiempos, como los de hoy, tampoco fueron fáciles: el primer trabajo en el taller en plena Transición, la incertidumbre, la esperanza, Libertad sin ira, la legalización del PCE, el golpe de estado… Como a muchos, la utopía le duró el tiempo necesario para confirmar que la economía y la política se convertían en una merienda de negros donde a unos se les permitía forrarse para que otros se marcharan de rositas. Las horas extras que le ayudaron a pagar cada año las vacaciones de verano en Denia le impidieron escribir la novela que siempre soñó. Las pocas veces que, por curiosidad, ha intentado leer poemas de autores jóvenes, le han confirmado la sensación de que la sociedad le ha alejado de la poesía. No sabe que, por lo general, es la poesía la que se ha alejado de la sociedad.

No pasa mucho tiempo antes de que la profesora de Lengua y Literatura explique en clase las vanguardias artísticas de principios del siglo XX. El futurismo, el cubismo, el dadaísmo, el surrealismo… Y nuestro joven aprendiz de poeta, como buen adolescente, siente la urgente y paradójica necesidad de parecerse a alguien para así sentirse distinto a los demás. Y las oscuras golondrinas y Preciosa con su pandero y los astros que tiritan a lo lejos se diluyen, todos juntos, en el rincón del cerebro destinado a “lo que ya no me puede gustar porque ahora soy mayor”.

Las vanguardias. La belleza de lo ininteligible. La fuerza de lo irracional. La atracción de lo distinto. Un entorno ideal para el joven que desea, a la vez, sentirse distinto a los demás mientras forma parte de un grupo. Un grupo de elegidos. Un grupo de intelectuales. Un grupo del que sólo pueden formar parte aquellos que cultivan el silencio, lo inasible, la pureza léxica. Sí, sí, sí, algo está llamando a la puerta y nuestro joven aprendiz de poeta no puede negarse a abrir porque desea que los invitados entren y ocupen la casa y renueven su ideario estético.

Otra noche más, el padre llega a casa. Hay sopa en el microondas y un yogur desnatado de ciruela en el frigorífico. Enciende la tele. Un anuncio de seguros de hogar, visita de los reyes a Austria, qué harán este fin de semana el Barça y el Madrid en sus respectivos compromisos de liga, noche de expulsión en la casa de gran hermano, Letizia ha declarado sonriente…

– ¿Papá?
– Dime, hijo.
– ¿Estás ocupado?
– No, no. Dime.
– Verás… Estos días… He estado dándole vueltas a todo esto…
– Ajá.
– Tengo algo para ti.
– Vaya. ¿Has escrito algo?
– Sí.

El padre sonríe, consciente de que ninguna palabra puede reflejar lo que siente.

– Pues venga, dámelo.
– Es un poco distinto a lo que he hecho hasta ahora. Porque, sabes, hay cosas que no pueden explicarse abiertamente, y estoy en un momento de búsqueda interior…
– A ver. Enséñamelo.

El chico, orgulloso, le muestra su nuevo texto, al que ha llamado “Cuadratura del círculo”.

El padre lee el texto. Mira al hijo. Vuelve a ojear el texto.

– ¿Me estás tomando el pelo?
– Es un caligrama. Vanguardias.
– Ya.
– Es actual, papá. Una nueva forma de presentar la realidad.
– ¿Actual?
– Sí. Cubista.
– Pero el cubismo se creó hace ya cien años.

El hijo titubea. Quiere responder, pero no está seguro. Como sucede a menudo en estos casos, el poeta no conoce más teoría que la que su profesora ha explicado en clase.

– Pero es una vanguardia. Y vanguardia significa “estar por delante”.

El padre guarda silencio por un momento. Respira. Mira fijamente a su hijo y le responde:

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Unos instantes de silencio en la cocina. El padre pregunta:

– ¿Te parece actual?
– Sí. Bastante.
– Pues sólo tiene un poco más de medio siglo.
– ¿No es tuyo?
– No lo he escrito yo. Pero hace años éramos muchos los que sentíamos este poema como propio.
– ¿Entonces?
– ¿Entonces qué?
– Que quién lo ha escrito.

El padre le guiña un ojo.

– Búscalo en internet y ahora me cuentas.

Unos minutos después, mientras el padre apura el yogur desnatado de ciruela, el joven aprendiz de poeta descubre el título del poema, y comprende que, en momentos como éste, la poesía verdaderamente necesaria, la que realmente ensancha los pulmones, no puede ser la que está concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

El miedo

Si se abriera esa puerta ahora mismo
vendrían las arañas a por mí,
y volvería el miedo, y las pisadas
parecerían más y más cercanas
y nadie me creería, como siempre.
Sé que las pesadillas son mentira
y que el dolor, durar dura muy poco.
Pero esa cara no, no la soporto.
No quiero que entren más en este cuarto,
no quiero que me sigan donde vaya.
Que no se abra esa puerta, por favor.
Que nunca más se abra si es preciso.