Wolfgang

Todos tenemos nuestros secretos. Uno de los míos es que de pequeño me llamaban Mozarín porque me pirraba la música clásica. Ese mote me daba una rabia inmensa, pero ahora, que ha pasado ya algún tiempo, me empiezo a sentir algo parecido a orgulloso de que se me asociara con el que, aún hoy, me sigue pareciendo el mayor genio de la Historia de la Música. Hoy, 5 de diciembre, aparte de mi cumpleaños, es el aniversario de su muerte. Su 219 aniversario. Y desde Palermo, donde me encuentro, quiero regalarle, a él o a su recuerdo, un deseo: que su música pueda ayudarnos a reencontrar cuatro elementos que -creo- estamos perdiendo todos poco a poco: me refiero a la magia, la humanidad, el juego y la belleza. Y, para ello, permitidme que os sugiera aquí diez piezas que son, para mí, algunos de sus momentos más magistrales, aunque no las ordene por preferencia pues sería imposible. Tampoco muchas de las versiones que os enlazo me parecen las mejores, pero sí bastante dignas para hacerse una idea.

–         El “Kyrie” de la Gran Misa en do menor K.427, donde la soprano solista ha de conocer el infierno para poder pedir piedad al Señor.

–         El segundo movimiento de la sonata para piano nº 8 en la menor K.310: Mozart acaba de perder a su madre y en el segundo movimiento consigue que el piano, desconsolado, llore.

–         La sinfonía concertante para violín y viola K.364, cuyo segundo movimiento es, quizás, la más bella escena de amor jamás escrita en la Historia del Arte.

–         “Ach, ich fühl’s”, de La flauta mágica. La pobre Pamina, hija de la Reina de la Noche, cree que Tamino no la ama. La versión de Anna Moffo es insuperable.

–         El concierto para piano nº21 K.467, que sé que alguna vez interpretaré en público, cuando tenga una orquesta disponible que se atreva conmigo.

–         “Soave sia il vento”, de la ópera Cosí fan tutte, que es la despedida más dulce que conozco.

–         “L’ho perduta, me meschina”, de Las bodas de Fígaro, en el que Mozart, como un señor, regala su alma al completo a una pobre muchacha desesperada por perder un simple alfiler.

–         La entrada final del Comendador en Don Giovanni, sólo apto para los que no sufran del corazón. Y no me refiero a asuntos sentimentales.

–         El “Aleluya” del Exsultate Jubilate K.165, que no necesita explicación alguna.

–         El “Lacrimosa” del Requiem K.626, porque no todos los días el cielo se abre para nosotros.

 

Según repaso la lista me doy cuenta de que la mayoría son piezas lentas que invitan a la melancolía. No pasa nada. Empezad por aquí o por cualquier otro sitio: Mozart es tan grande que cabemos todos. Si os ha gustado, prometo hacer una segunda lista con piezas más alegres. O mejor aún, sugerid también vosotros. Compartamos, disfrutemos, engrandezcámonos, sonriamos, vibremos… Mozarinémonos todos. Pero sin acomplejarnos por ello.

 

Todos tenemos nuestros secretos. Uno de los míos es que de pequeño me llamaban Mozarín porque me pirraba la música clásica. Ese mote me daba una rabia inmensa, pero ahora, que ha pasado ya algún tiempo, me empiezo a sentir algo así como orgulloso de que se me asociara con el que, aún hoy, me sigue pareciendo el mayor genio de la Historia de la Música. Hoy, 27 de enero, es su cumpleaños. Su 250 aniversario. Y quiero regalarle, a él o a su recuerdo, un deseo. Que su música, en este año Mozart, pueda ayudarnos a reencontrar cuatro elementos que -creo- estamos perdiendo poco a poco: me refiero a la magia, la humanidad, el juego y la belleza. Y por si acaso a ustedes ya les picaba el gusanillo, permítanme que les sugiera aquí diez piezas que son, para mí, algunos de sus momentos más magistrales, aunque no las ordene por preferencia pues sería imposible.

 

El “Kyrie” de la Gran Misa en do menor K.427, donde la soprano solista ha de conocer el infierno para poder pedir piedad al Señor.

La sonata para piano nº 8 en la menor K.310: Mozart acaba de perder a su madre y en el segundo movimiento consigue que el piano, desconsolado, llore.

La sinfonía concertante para violín y viola K.364, cuyo segundo movimiento es, quizás, la más bella escena de amor jamás escrita en la Historia del Arte.

El Trío en Mi bemol Mayor para piano, viola y clarinete K.498, al que Eric Rohmer dedicó su única obra teatral.

El concierto para piano nº21 K.467, que sé que alguna vez interpretaré en público, cuando tenga una orquesta disponible que se atreva conmigo.

“Soave sia il vento”, de la ópera Cosí fan tutte, que es la despedida más dulce que conozco.

“L’ho perduto, me meschina”, de Las bodas de Fígaro, en el que Mozart, como un señor, regala su alma al completo a una pobre muchacha desesperada por perder un simple alfiler.

La entrada final del Comendador en Don Giovanni, sólo apto para los que no sufran del corazón.

El “Aleluya” del Exsultate Jubilate K.165, que no necesita explicación alguna.

El “Lacrimosa” del Requiem K.626, porque no todos los días el cielo se abre para nosotros.

 

Según repaso la lista me doy cuenta de que la mayoría son piezas lentas que invitan a la melancolía. No se preocupen. Empiecen por aquí o por cualquier otro sitio: Mozart es tan grande que cabemos todos. Si les ha gustado, prometo hacer una segunda lista con piezas más alegres. O mejor aún, sugieran también ustedes. Compartamos, disfrutemos, engrandezcámonos, sonriamos, vibremos… Mozarinémonos todos. Pero no nos acomplejemos por ello.

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6 pensamientos en “Wolfgang

  1. Un recuerdo para Mozart, y muchas felicidades para ti. Aunque se que en Palermo tendrás un día maravilloso junto a Soraya. A mi en particular me gusta el Agnus Dei del Requiem, KV626, y el Credo de la Misa de la Coronación en Do Mayor -KV 317, o sea la Kronungsmesse. Quizá esto sea debido a que lo he cantado muchas veces. Un abrazo a los dos.

  2. Recuerdo que yo te llamaba “mozarín”….concretamente en Buitrago de Lozoya, donde compartí 15 días contigo.
    Aunque no lo creas dejabas marca en tu amigos y por eso te busqué y te encontré aquí despues de 25 años.
    Saludos.

    • Revisando los comentarios de mi blog (que los tengo un poco abandonados) me he encontrado con tu mensaje. ¡Qué sorpresa tan bonita! Gracias por tus palabras, y por alegrarme el día.

      Un abrazo.

  3. Has puesto banda sonora a mi estudio durante unos cuantos días (con eso de que has empezado a poner y poner, te has venido arriba y has puesto un montón de obras). Muchas gracias.
    Yo también elegiré alguno de los conciertos para piano de Wolfgang para interpretarlo en un día no muy lejano (haya orquesta que me aguante o no).
    Y para no salirme del tono melancólico de esta recopilación, mi sugerencia es mi pieza favorita, que me gustaría que sirviera como regalo de cumpleaños para ti:

    Un beso, ¡y que cumplas muchos más!

  4. Hola soy micaela de 21 años. Estudiante de dirección coral y canto lirico. Gracias por compartir tan bellas palabras. Hoy en día se dejan de lado tantas piezas tan plenas de sentimientos. Tan grato es oír al grande mozart. Mi pieza favorita de él es la insuperable aria de la reina de la noche de la flauta mágica. Y disfruto mucho cantar porgi amor de las bodas de figaro. Te invito a escuchar la opera julio cesar de haendel no tiene desperdicio. Saludos

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