Carta a un adolescente no lector de poesía

Vamos a hablar claro: esto de la poesía es un coñazo ¿verdad? No, no hay problema, tienes todo el derecho a pensarlo. Porque es cierto. La poesía (y la literatura en general, pero ahora quiero hablar de poesía porque de eso trata este blog) puede ser un coñazo, pero también puede ser maravillosa. Y eso sólo depende –como la mayor parte de las cosas- de cómo te la cuenten. De cómo te la vendan. Yo mismo, por ejemplo, no hace demasiado tiempo pensaba que la poesía era algo infumable. Aún hoy, que tengo ya 36, sigo pensando que hay mucha poesía que es una mierda. Pero hay otra que ha hecho que mi vida sea mejor. Y estoy escribiendo estas líneas para explicarte esto último, por si acaso a ti también pudiera sucederte.

Por lo general, en clase de Lengua y Literatura te explican los movimientos artísticos, la época en que nació el autor, sus obras principales… Y tú, que no eres tonto, te preguntas: “¿Y esto, a mí, para qué me sirve?”. Esa es la gran pregunta:

¿Para qué sirve la poesía?

Quizás tu respuesta sea “para nada” o “para ligar” o “para aprobar Lengua” o “ah ¿es que sirve para algo?”. Incluso podrías decirme que no tiene por qué servir para nada. Y tendrías razón. Y, sin embargo, ya te digo que a mí me ayudó y me ayuda mucho en la vida. ¿Por qué? Muy sencillo.

¿Alguna vez has tenido una experiencia realmente estupenda –una fiesta, un viaje, has conocido a alguien…- y, al contárselo a algún amigo que no estuviera allí, te faltaban las palabras exactas para explicarle por qué era tan estupenda y distinta a otras veces parecidas? ¿Unas palabras que no fueran “genial” “la hostia” o “ya ves, chaval”? Es muy posible también, aunque no quieras o no te atrevas a reconocerlo, que algunas veces te levantes triste sin saber por qué, o que ver a una persona determinada te dé mal rollo sin que sepas explicarlo, o que te sientas raro contigo mismo porque piensas que todos los que te rodean son imbéciles y no sabes qué haces con ellos (o, todo lo contrario, te parecen una gente alucinante mientras que tú sientes que no estás a su altura) y quizás te den ganas de llorar o de romper algo o de dar una hostia a las paredes cuando oyes a tus padres discutir en la cocina.

Claro que te has sentido así. Porque de esas y de otras muchas sensaciones está hecha tu vida y la de todos los que te rodeamos. Y para todas esas preguntas sin respuesta -y a otras muchas que tú y yo sabemos- tienes la poesía. Sí, no te quedes con esa cara.

Por supuesto que, cuando te sientes así, hay otras cosas. La play, por ejemplo. O un partido. O pasar un rato en tuenti o en facebook. O irte de fiesta con los colegas. O fumarte unos porros y echarte unas risas. Por supuesto que sí. Pero eso, seamos sinceros, no soluciona el problema. Sólo lo deja a un lado. Con cualquiera de esas cosas lo único que consigues es dejar de pensar en lo que te preocupa. Y eso es muy sano, ojo. Yo soy el primero que a veces necesita hacerlo, así que no lo critico. Lo que sucede es que, por mucho que te esfuerces, la realidad siempre vuelve cuando te quedas solo. Me apostaría cualquier cosa a que muchas noches, en la cama, te cuesta dormir porque no dejas de darle vueltas a la cabeza.

Lo que quiero que entiendas con esto es que, a partir de ahora, esas preocupaciones te van a acompañar toda la vida. Y cuando digo “toda la vida” quiero decir toda. Porque los seres humanos estamos hechos de esa pasta. De alegrías, ilusiones y sonrisas, sí, pero también de dudas, incertidumbres y temores. Así que deberías acostumbrarte a ello lo antes posible. Y, por supuesto, comenzar a buscar modos de enfrentarte a esas dudas, a esas incertidumbres, o, por lo menos, de comprenderlas. Es decir, de comprenderte. Porque hay veces en que el principal problema es que no sabemos qué es lo que nos pasa.

Lo que te quiero decir es que la poesía puede ayudarte a saberlo. Sí, sí. Sé que no ves qué relación puede haber entre eso que estudias en clase que se llama soneto y el que haya veces que te apetezca mandarlo todo a la mierda. Sobre todo porque es muy probable que lo que te apetezca mandar a la mierda sea precisamente el soneto, el complemento del verbo y todo eso que te enseñan en clase y que sigues sin saber para qué sirve.

La explicación es sencilla: como te he dicho antes, los seres humanos estamos hechos de esa pasta, y todos nos hemos sentido así. Y cuando digo todos quiero decir todos: tú, yo, tus amigos, tus profesores y tus padres, pero también Garcilaso y Cervantes y Lope de Vega y Bécquer y Machado y Lorca y Neruda y tantos y tantos otros. La diferencia está en que ellos, además de sus fiestas y sus porros (o lo que fuera que existiera en sus respectivas épocas), también se preocuparon de darle vueltas a la cabeza para dejar por escrito cómo se sentían, para así intentar entenderse ellos mismos y que les entendieran los demás. No te voy a negar que, hoy en día, algunas de las palabras que usaban se han quedado antiguas y parece difícil entenderles. Pero no olvides que sus textos hablan de amor, de soledad, de desesperación, de felicidad, de impotencia, de incertidumbre, de miedo al fracaso, de esperanza, de desilusiones… Y tú y yo sabemos que esos temas nos son familiares.

No quiero contarte la milonga de que la poesía puede salvar el mundo. Lo que te estoy contando es que ha habido ocasiones que la poesía ha salvado mi mundo. Gracias a algunos poemas maravillosos conseguí conocer mejor mis problemas, mis dudas, mis miedos, mis frustraciones… Es decir, conseguí conocerme para así poder llevarme mejor conmigo mismo. Quién sabe. Es posible que también te ayude a ti, igual que a veces (estoy seguro de esto) ha habido canciones que te han ayudado a seguir adelante. ¿Por qué no pruebas con la poesía? Al fin y al cabo, se tarda menos en leer un poema que en ver una película.

No sé si esta carta te hará cambiar de opinión. Lo más seguro es que tanto tú como yo volvamos al facebook o a la play para dejar de pensar en los problemas que tenemos. Tú intentarás no darle vueltas a tus cosas y yo haré lo mismo con las mías, e intentaremos olvidar que ahí fuera hay gente que pasa hambre y que no tiene trabajo porque en varias partes del mundo unos cabrones se forraron, se forran y se forrarán en vez de ir a la cárcel, como sería lo lógico si este mundo fuera lógico.

Sí. Lo más probable es que sea eso lo que suceda. Es verdad. Haremos lo posible por no pensar en esas cosas. Y entonces esos cabrones habrán ganado, porque a ellos no les interesa que pensemos. Ni tú, ni yo, ni nadie. Para ellos es mejor que sigamos comprando teles y ordenadores y móviles de última generación para estar entretenidos, porque ellos ganan dinero con nuestra tristeza. Para ellos es mejor que no le demos vueltas a las cosas, que no nos planteemos que a lo mejor las cosas no son como nos las cuentan. Para ellos, lo genial es que cuando nos digan “hay crisis, no hay dinero” nosotros sigamos a lo nuestro en vez de preguntarnos quién tiene el dinero que falta.

No, no pongas esa cara. No he cambiado de tema. Sigo hablando de lo mismo. De cómo la poesía puede ayudarnos a entender el mundo y a nosotros mismos. Fue Quevedo, un grandísimo poeta que nació hace más de cuatrocientos años, quien dijo que un pueblo idiota es la seguridad del tirano. No sé tú, pero a mí no me apetece nada ser parte del pueblo idiota. Pero me apetece aún menos que nuestras ganas de no pensar, de no leer, de no aprender, sean la seguridad del tirano.

(Foto: Montse Labiaga)

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11 pensamientos en “Carta a un adolescente no lector de poesía

  1. Buenísimo. Entran ganas de hacer muchas, muchas fotocopias e ir repartiendolas a todos los jovenes que nos encontremos por la calle…e incluso en el autobus. Gracias.

  2. Sí, yo soy de esas que descubrió la poesía fuera de las aulas. En ellas no lo hicieron muy bien. Salvo una profesora que me dijo: no intentes entender lo que te quiere decir el autor, sino lo que tú entiendes… Y ahí empecé.
    Apoyo la moción de hacer ver la poesía cómo es… y no la paja.

  3. Muy buena reflexión,

    Si todos nos acogiéramos a vuestro razonamiento este mundo estuviera habitado por personas mas felices, los médicos tuvieran menos pacientes, las personas se sentirían menos solas y nuestros jóvenes vislumbraran un futuro digno de vivir.

  4. Es curioso. Todos pasamos por esas épocas en que nuestra existencia naufraga. Y nos sentimos solos. De nada sirve entretenerse en contar olas. Hay que sobrevivir asiéndose a un madero. Para ti es la poesía. Para mí fue la prosa. ¡Que más da! No deja de ser una tabla de salvación. Llámala como quieras llamarla, todos necesitamos ese trozo de madera, esa balsa que dé sentido a nuestras vidas. En verso… o en prosa.

  5. La poesía. Ese bello antídoto contra la huida de uno misno hacia la estupidez ajena. Contra la alienación del eslogan diario. Otra razón para leer poesía.
    Muy bueno.

  6. Siempre fuí un idiota intelectualmente hablando, pero desde pequeño la poesía y el arte en general han guiado mis pasos, han formado mi caracter y lo siguen haciendo, doy gracias a la poesía y al arte en general, porque me hacen ver mi vida desde fuera de ella de una forma objetiva, y además son la valvula de escape del estress que padecemos en esta sociedad supuestamente avanzada, así que como siempre, tengo que estar completamente de acuerdo contigo, la pena es que cuando era adolescente, no lo veía tan claro, me guiaba más por mis impulsos y caí en la trampa que nos tiende el sistema. Ojala los adolescentes pudiesen entender lo que dices, habrá alguno que si y eso será un triunfo.

    • Que bueno, soy de las que le gusta la poesía,pero hace mucho que no leo y con este post me han entrado unas ganas inmensas de coger, por ejemplo a Machado.Enhorabuena!

  7. Pingback: 22 de septiembre » Blog de aula

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