De qué hablo cuando hablo de ti

Yo soy de los que cuidan mucho el texto
porque cuando lo lean otros labios
cada palabra mía será mi embajadora.
Por eso, cuando acabe de escribir este poema
lo leeré, lo releeré,
cambiaré unas cuantas cosas
y me daré, quizás, por satisfecho.
Pero no lo daré por terminado
hasta que tus ojos
incendiarios y feroces
no se muestren orgullosos de estos versos.

Yo sé que me equivoco algunas veces
a lo largo del día en lo que hago,
como cuando me agobio o cuando se me olvida
hacer algún recado que te prometí que haría.
Pero cuando me equivoco
tú, en lugar de enfadarte,
me miras fijamente y me sonríes.
No hay nada que no arregle esa sonrisa:
con esa sonrisa
me haces comprender que nada
es más valioso que el lujo de estar juntos.

Yo no tomo café. Me sienta mal,
pero cada mañana me levanto
a preparar el tuyo mientras tú estás dormida.
Es un pequeño esfuerzo que se ha convertido en rito
porque todas las mañanas
cuando regreso a la alcoba
te miro mientras duermes. Luego digo:
“Buenos días, amor. Ya está el café.”
Entornas los ojos,
sonríes, te das la vuelta,
y gracias a mí te duermes más tranquila.

Yo nunca he conseguido ser valiente
al tomar decisiones en mi vida,
y cuando deseo hacerlo casi siempre es la inercia
la que guía mis pasos hacia lo que ya conozco.
Pero tú eres muy distinta:
te gustan los desafíos
y sabes que yo quiero que me gusten.
Tú, que haces que todo sea más fácil,
me coges la mano,
comenzamos a andar juntos,
y el destino de repente es más intenso.

Cuando hablo de ti, mi amor,
hablo del mejor hombre que puedo ser
y que soy gracias a tus ojos, tu sonrisa,
tu modo de despertar, tu mano en mi mano
y tantas otras cosas que no caben en un verso.

Nuevo blog

Este blog surgió como un blog de poesía. Durante algo más de un año he ido colgando poemas de mis dos poemarios y alguno inédito. Desde hace un tiempo, sin embargo, he ido añadiendo artículos de tipo social y cultural. Me he sorprendido a veces diciéndome “no, no publiques esto porque tu blog es sobre poesía”, y me he preguntado cómo puede ser que yo mismo no esté seguro de querer escribir cosas en un blog escrito por mí y que además lleva mi nombre.

Durante mi estancia en Sicilia he comprendido que escribo poesía para explicarme cosas a mí mismo y que escribo artículos para explicarle cosas a los demás. O, si lo preferís, escribo poesía para intentar comprender cómo soy yo mientras que escribo prosa para intentar comprender cómo somos todos.

En estos días tan intensos que estamos viviendo mi cabeza está llena de ideas para poemas y de ideas para artículos. Según palabras de Lorca, “En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas.” Eso es lo que pretendo hacer a partir de ahora. Pero para poder meterme bien en el fango sin miedo alguno a que mis azucenas pierdan su lustre he decidido crear otro blog.

Por eso, amigos, a partir de hoy este blog seguirá su rumbo poético. Si queréis, además, seguir mis reflexiones sociales, os invito a que entréis en  “Ven conmigo a buscarla

Por qué hacemos esto

Desde hace días organizo en Palermo las movilizaciones de la #spanishrevolution, aquí llamada #italianrevolution. No hace falta que explique qué es esto, porque hace sólo una semana que ha comenzado y ya no se habla de otra cosa. Pero me parece oportuno hacer algunas puntualizaciones porque se están escuchando demasiadas descalificaciones sobre este movimiento. No soy quién para hablar en nombre de nadie excepto de mí mismo, así que hablaré en mi nombre para defender -no justificar, sino defender- lo que estamos haciendo muchas personas en los cinco continentes.

En primer lugar, hay que entender que esto no es una cuestion partidista sino social. Es cierto que tiene connotaciones políticas por el momento en que se ha producido, pero el alcance que se pretende va mucho mas allá. Nos hemos acostumbrado a escuchar cosas como “el hombre es un animal político” o “todo es política”. Pero esto no es verdad.

La política es un instrumento creado por la sociedad para protegerse y mejorarse. Somos nosotros, ciudadanos, quienes pagamos con nuestros impuestos para que alguien se encargue de que todo vaya bien. Igual que, por ejemplo, un portero en una comunidad de vecinos. Pero la clase política ha aprovechado el poder que nosotros le hemos dado para utilizarlo contra nosotros.

No olvidemos esto: más allá de partidismos o posicionamientos de un lado u otro, lo que la sociedad necesita es recordar que el poder es nuestro, que decidimos cederlo cada cuatro años a quien consideramos oportuno. Así lo dice la Constitución en su artículo 2: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.”

¿A qué viene entonces este tumulto en un momento así? ¿Es accidental que se haya producido antes de una convocatoria electoral? Por supuesto que no. Ante esta convocatoria, una buena parte de la sociedad se ha dado cuenta de que no se sienten representados por la clase política, y han decidido manifestar públicamente su impotencia a la hora de elegir a quién votar. No es casual que, desde hace meses, la clase política en general aparezca en las encuestas como uno de los cinco problemas más importantes en España. No confiamos en que la actual clase política pueda resolver nuestros problemas. Creemos que no están haciendo bien el trabajo por el cual les estamos pagando, y es por eso que se ha instaurado en España la noción de “votar en contra de” o “votar al menos malo” porque “todos son iguales”.

Todos son iguales. Esa es la frase clave. Cuando todas las opciones son iguales ninguna opción es válida. Cuando ninguna opción es válida no podemos elegir. Y cuando no podemos elegir, no hay una verdadera democracia.

Por pensar esto, algunas voces nos llaman antisistema. Por lógica elemental, si pedir una democracia verdadera es estar en contra del sistema, eso significa que el sistema no es verdaderamente democrático. Y un sistema que en el siglo XXI no es verdaderamente democrático es un sistema que necesita reformas. O, al menos, un replanteamiento.

Porque, lo repito una vez más, no estamos en contra de la política ni en contra de los políticos. Estamos en contra de estos políticos, porque pensamos que no nos representan. No queremos eliminar la figura del político, porque sabemos que es una figura necesaria. Tan necesaria, que queremos alguien digno para ostentarla.

Desde hace años, nuestros políticos han jugado al divide y vencerás. Por un lado, los que afirman que España se está rompiendo. Por otro, los que dicen “como vengan los otros vais a saber lo que es bueno”. Los partidarios de ambas opciones están tan enfrentados entre sí que es una utopía pensar que entre ellos pueda establecerse un dialogo cordial.

Frente a este divide y vencerás tan hostil como innecesario para la sociedad, de modo espontaneo ha surgido en España el sentimiento contrario: la unión hace la fuerza. Decenas de miles de personas en todo el mundo nos sentimos unidos por una idea comun. Una ilusión. Y de eso nos estamos encargando unos cuantos. De difundir lo que sucede, porque sabemos que aún quedan muchos miles de personas por unirse.

Los que estamos en Italia -y en Francia, y en Inglaterra, y en Holanda, y en tantos y tantos paises- no somos un ejemplo ni un modelo a seguir. Pero sí somos la prueba de que no es difícil conseguir que la sociedad se ilusione con un futuro mejor. Si yo puedo hacer lo que hago desde un piso de un barrio marginal de Palermo con una conexión a internet de prepago, ¿qué no podrán hacer con tantos medios y tanto dinero los políticos, a quienes se les paga por hacerlo?

Sólo se me ocurren tres opciones por las cuales los políticos no consiguen hacerlo: porque no saben, porque no pueden o porque no quieren. Desconozco cuál de las tres es la verdadera. Pero, sea cual sea, cualquiera de las tres les inhabilita para ostentar el cargo que tienen.

Recordadlo. Ellos no son nuestros jefes. Nosotros, ciudadanos, somos los suyos, porque somos nosotros quienes les pagamos. Nuestros empleados no están haciendo bien su trabajo, y tenemos derecho a exigir responsabilidades.

Comprendo que un movimiento de este calibre provoque todo tipo de opiniones, unas a favor y otras en contra. Siempre he intentado adoptar una actitud crítica en mi vida (es decir, la habilidad de obtener un criterio propio ante lo que sucede) y, como tal, estoy especialmente interesado en escuchar las opiniones críticas a este movimiento. Pero creo que las descalificaciones e insultos inhabilitan a quien los profiere, por muy coherente que sea su discurso. Es por eso que en mis líneas no encontraréis nada de eso. Y es por eso que os invito, por el bien de la sociedad de la que todos somos parte, a que a partir de ahora, sean cuales sean vuestros comentarios, dejemos el divide y vencerás de los insultos para adherirnos todos al la unión hace la fuerza del pensamiento crítico y constructivo.

Problemas en la comunidad

Hace años que tenemos portero en casa. Los vecinos nos dimos cuenta de que en la comunidad la convivencia era de todo menos pacífica, así que decidimos contratar a una persona externa que se encargara de la limpieza, el mantenimiento, evitar que entraran vándalos en los portales, sacar la basura… A cambio, el portero recibe un sueldo y una vivienda gratuita en nuestro bloque, por si hubiera alguna emergencia a horas intempestivas. Todos los vecinos, por tanto, pagamos mensualmente una cuota para que este señor se encargue de que todo esté perfecto.

El caso es que durante años la cosa ha funcionado bien, pero hace un tiempo que algunos vecinos manifestaron su descontento por los modos groseros y violentos de nuestro portero. Hicimos una junta ordinaria, tal y como tenemos estipulado en nuestros estatutos, y la mayoría decidió que debíamos cambiar de portero. Así se hizo, y, a pesar de que el nuevo apuntaba maneras, en los últimos meses está adquiriendo las mismas costumbres que su predecesor. Lo primero fue cuando decidió meter en su casa no solo a su familia, sino también a sus mejores amigos; como hubo algunas quejas, él alegó que son personas de su confianza que le ayudan a realizar sus tareas.”No es un capricho, es una necesidad”, nos decía, “no pueden imaginarse el desgaste que supone este trabajo. Por no hablar de lo importante que es dar buena imagen ante los demás porteros del barrio”. A algunos vecinos esto les pareció un escándalo, aunque otros dijeron que bueno, que todos los porteros hacen más o menos lo mismo.

Pero la gota colmó el vaso hace unos días. Resulta que, por una mala gestión de la empresa eléctrica, nos hemos quedado en todo el barrio sin luz. Se nos ha comunicado que se está trabajando en ello, que no se sabe cuándo se solucionará, e incluso ha habido bloques a los que hemos tenido que ayudar regalándoles unas velas. Mandamos a nuestro portero para que se enterara de todo. No sabemos qué sucedió en la reunión, pero cuando volvió nos exigió:

1. Que ahorráramos energía.

2. Que sólo utilizáramos el horno una vez por semana.

3. Nada de secador.

Y 4. Que como llevábamos mucho tiempo consumiendo luz por encima de nuestras posibilidades, la empresa eléctrica ha tenido problemas serios y que nuestra obligación era pagar una derrama para ayudar a solventar ese problema.

Además, nos dijo que si no teníamos cuidado era posible que en un futuro nos prohibiera utilizar la nevera. Nosotros sabemos que su familia y sus amigos, que viven en su casa con él, siguen consumiendo la misma cantidad de electricidad y de agua, pero a él parece darle igual: como sabe que el hijo del anterior portero está deseando quedarse con su puesto, cada vez que le decimos algo nos sale con eso de “cuidado, que como me vaya yo ya sabéis quién viene”.

El hijo del portero anterior, por su parte, es el dueño de la empresa de jardinería de la comunidad, cuyos empleados también se las traen: unos cuantos de ellos, seguramente siguiendo órdenes de arriba, vienen a limpiarse la tierra cada día a nuestro portal para después decir que han sido los familiares del portero, que tienen el bloque cada día más sucio. Sabemos que son ellos porque los hemos visto; pero cuando los vecinos vamos a ver a su jefe, éste se sale por las ramas y dice que la portería estaría mucho mejor con él, que nuestro portero está rompiendo el portal (no sabemos a qué se refiere con esto) y que las personas sensatas le apoyan porque son personas de bien. Así que los dos, el portero y el pretendiente a portero, están todo el día a gritos, enfrentados, sin hacer nada por la comunidad; y nosotros, los vecinos, seguimos a oscuras y cabreados unos con otros.

Dentro de unos días tenemos nueva junta, y hay unos cuantos vecinos que nos hemos juntado a hablar entre nosotros porque nos parece que esto no puede seguir así. Que no queremos seguir sin luz. Que no queremos que nos engañen ni uno ni otro. Que queremos un cambio. Pero un cambio de verdad. Sabemos que en la próxima junta se decidirá que el portero sea uno de los dos. No podemos hacer nada por evitarlo.

Pero nuestra idea va más allá: queremos conseguir que todos los vecinos de la comunidad nos reunamos para reescribir los estatutos: no queremos tener que esperar un año para hacer otra junta. Lo que queremos es cambiar las normas entre todos para recordarle a los candidatos que no son ellos quienen mandan. Que nosotros somos sus jefes, porque somos nosotros les pagamos. Y que si no hacen bien su trabajo, tenemos derecho a despedirlos en cualquier momento.

Prometeo

Para Sergio Balsera.

He tardado dos mil años en saberlo:
el águila que me devora las entrañas
cada día
no es mi enemiga.

Yo era un hombre satisfecho de mí mismo,
de mi formación y mis principios.
Todo en mí era equilibrio, estructura y realidad
y resumí con ellos mi carrera y mi apellido.
Tuve la suerte de aprender lo que es el fuego,
y me propuse ser el hombre que lograra
dar su luz a los hombres y mujeres de este mundo.
Pensaba que esa era mi misión. La única posible.
Desdeñé cualquier otra alternativa.
Me esforcé, lo logré -eso me gusta pensar-
y fui castigado por ello.

(Habéis escuchado la historia en tantos labios
que no me detendré ahora a explicarla.
Quisiera, sin embargo, matizar algunas cosas.)

He tardado dos mil años en saberlo,
pero ahora sé que fue soberbia lo que hice:
soberbia el suponer que había sólo un fuego y era el mío,
soberbia el renegar de cada fuego de los otros,
soberbia el no admirar en cada sitio su color,
soberbia el olvidarme de reír,
soberbia el convencerme de que esa gran tarea
era lo único que yo necesitaba.

No es mi enemiga, no:
no puedo llamar “enemiga”
a quien me ha ayudado a comprender
que estaba equivocado.

Miradme bien. Estoy aquí, encadenado en esta roca.
Sólo me recordais por mi castigo, y ni siquiera
es para mí un castigo: es una bendición.
¿Por qué olvidais que también me regenero cada día?

No es mi enemiga, no:
también es un animal que me acompaña
con el que, a veces, juego.

He tardado dos mil años en saberlo:
la luz del fuego no es la única verdad que me acompaña.
También traigo conmigo la belleza de la sombra.

Los de arriba

Dicen los de arriba que cómo no vamos a tener crisis si nosotros, los de abajo, llevamos años viviendo por encima de nuestras posibilidades. Yo no sé a quién se refieren, porque todas las personas de mi entorno llevamos años sufriendo al ver el extracto de nuestra cuenta.

Dicen los de arriba que es normal que ellos ganen más porque trabajan más que nosotros. Yo no sé a qué se refieren, porque algunos amigos y yo mismo hemos llegado a compaginar hasta cinco trabajos.

Dicen los de arriba que los de abajo tenemos que retrasar la edad de jubilarnos, porque el modelo económico está cambiando. Yo no sé a qué se refieren, porque los políticos siguen teniendo una pensión vitalicia desde el momento en que dejan de ejercer.

Dicen los de arriba que todos tendremos que seguir apretándonos el cinturón un poco más. Yo no sé a qué se refieren, porque los banqueros que nos metieron en esta crisis siguen repartiéndose sus incentivos subvencionados por el Estado, en vez de ser juzgados.

Dicen los de arriba que ellos mismos se van a apretar el cinturón. Yo no sé a qué se refieren, pues ni ellos mismos son capaces de viajar en turista.

Dicen los de arriba que esta crisis es igual para todos. Yo no sé a qué se refieren, porque empresas como Telefónica van a despedir a miles de personas mientras logran los mayores beneficios jamás conseguidos por una empresa española.

Dicen los de arriba que tenemos que ser valientes y plantearnos el copago en la sanidad pública. Yo no sé a qué se refieren, pues la sanidad pública ya la pagamos todos con nuestros impuestos.

Dicen los de arriba que en estos momentos es cuando hay que reducir el gasto en educación. Y yo, por fin, sí sé a qué se refieren.

Porque lo lógico sería invertir en mentes pensantes para que no volvamos a tener ninguna crisis. Pero esto no es lógica, sino política. Y en política lo más práctico es que entre los de abajo no haya mentes pensantes. Porque así nadie se dará cuenta de que lo que nos dicen los de arriba es mentira.

Liturgia anual

Crecer es, ante todo, conocerse
dándose a conocer a los demás,
y ya estás en edad de preguntarte
qué imagen quieres dar a todo el mundo:
romántica, rebelde, independiente,
si buscas provocar o ser parte del grupo.
Tardaste una semana en decidirte
entre actores, paisajes, monumentos,
grupos de pop, de rock, fotos abstractas,
películas, caballos o gatitos.

Los adultos que piensan que los jóvenes
no tienen ni principios ni valores
olvidan con frecuencia una liturgia
privada, imprescindible y minuciosa
que debe repetirse cada año:
tijeras, pegamento, algunas fotos,
plástico de forrar y una carpeta.

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)