Don Quijote

Para José Manuel Lucía Megías

 

Yo vivía en un lugar que era como cualquier otro,
rodeado de costumbres, de semáforos y normas.
Es posible que tú fueras mi vecino
o viviéramos a cientos de kilómetros. No importa,
porque en esta historia “yo” podrías haber sido “tú”.

Yo vivía tan tranquilo, sin problemas,
porque no me interesaban las noticias
ni su torpe inmunidad reglamentada.
Yo era de esos que pensaba que las cosas son así
y qué voy a hacer yo si no soy nadie
y total para qué voy a hacer yo nada si, total,
no se puede hacer nada.

Un día me encontré con un amigo al que habían despedido:
su empresa prescindió de 400 empleados alegando un descenso en los ingresos
mientras que sus directivos terminaron repartiéndose
un 20% más de beneficios.
“Eso no puede ser cierto”, respondí, “lo habrían dicho en las noticias”
(me dio un poco de vergüenza admitirle que yo nunca las veía).
“No me creas si no quieres, pero esa es la verdad”.

Llegué a casa aquella noche, encendí el televisor,
y no decían nada en ningún sitio de la empresa de mi amigo.
Pero se me ocurrió buscar en Google
y encontré más de cien páginas que confirmaban la noticia.
Quise leerlo todo, porque no me lo creía
(una página me hizo entrar en otra y otro enlace y otro clic)
y cuando me di cuenta habían pasado ya tres horas.
Pero seguí leyendo. Ese día y muchos más.
Leí sobre el origen de la crisis en la banca americana,
leí que los responsables nunca habían ido a juicio,
leí que muchos gobiernos ayudaban a los bancos
con dinero que debía ser gastado en escuelas y hospitales,
leí que se recortaron los derechos de todos los ciudadanos,
leí que muchas familias se quedaron sin ningún tipo de ingreso,
leí que en todo el mundo había 30 millonarios
que ganaban más dinero que 52 países en un año,
30 millonarios que tenían más que mil millones de personas en el mundo.
Leí, leí, leí, leí, leí,
y no conseguí encontrar la respuesta a mi pregunta,
la pregunta que debiéramos hacernos
antes de que sea tarde.

Así que salí a la calle
por si alguien me podía responder.

DQ

 

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2 pensamientos en “Don Quijote

  1. Esa es la pena, la gente que toma la postura del avestruz, y que nos perdonen los pobres avestruces por la comparación.
    Primero vinieron a por los judíos, pero como yo no lo era….después a por los negros…..Bertolt Brecht.
    Creo que ya es tiempo de la rebelión, ¿Qué mas hace falta?, como diría Sabina, ahora si que nos sobran los motivos.
    Un abrazo y mi eterna admiración Ernesto.

  2. sonará topico pero la respuesta esta en tu interior, solo se puede hallar ahí, no es otra que la busqueda de una conciencia extrema, que te haga pensar cada vez que consumes algo:
    Su procedencia, tu necesidad de ello y sin descartar ni uno solo de los pasos, el trabajo que has tenido que realizar para conseguirlo. Porque todo estaba unido con armonia en este universo hasta que la rompimos defendiendonos de nosotros mismos.
    Me encanta comentar tus textos!! I love you Ernest!!

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