La nueva Penélope

Para Florentino Ariza, maestro

El día en que Penélope no quiso
seguir con su costumbre tejedora,
escogió de su armario aquel vestido
cortado en telas mágicas y alegres
y pidió a su doncella que anunciara
que la reina quería diversiones.
Brotó entonces en Ítaca la danza
y el teatro y el canto y la poesía.
Penélope reía como nunca
desbordándose toda de alegría,
y era un prodigio verla entreteniendo
la fiesta con sus frases ocurrentes:
“Lo malo de casarse con un héroe
-decía a sus amigos más cercanos-
es que emplea sus fuerzas en batallas
que no tienen que ver con mi hermosura”.
Y de repente iba hacia la orquesta
para pedir el ritmo chispeante
de una canción entonces muy de moda
que hacía las delicias de la gente
“collige, virgo, rosas”, y bailaba
con locura la polca no inventada,
y en brazos de otro hombre halló el consuelo
de verse, con sus años, deseada.

Hasta el día en que Ulises llegó a puerto
y el aire se inundó de dalias frescas,
pues el amor eterno nunca muere
aunque a veces disfrute entre la espera.

La nueva Penélope(Nota: Este poema forma parte de mi poemario “Penúltimo momento“)

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