Nuevas funciones de Antígona

La próxima semana, la Compañía del Aula de Teatro de la UAH realizará tres representaciones de Antígona, de Sófocles, en versión y dirección de un servidor de ustedes dentro de la Muestra de Teatro Universitario de la Universidad Rey Juan Carlos.

La primera función será el miércoles 27 en Madrid. El día 28, en Fuenlabrada. El 29, en Móstoles.

Horarios y precios, en la imagen.

¿Nos vemos allí?

 

 

Joan Sutherland

Debía yo tener 13 o 14 años, más o menos. Era la época en la que yo suspiraba por las esquinas al salir de clase de francés. Llegaba a casa y me refugiaba en el piano, en las piezas de Mozart que tenía que preparar para clase, y mientras los dedos trastabillaban yo soñaba que aquellas no eran teclas, sino plumas que se convertían en alas dispuestas a llevarme a un sitio lejano y mágico en el que la timidez fuera un grado y la melancolía una virtud. En aquel entonces, Mozart era para mí todo lo que una persona podía desear.

Fue gracias a él, por tanto, que llegué a la fascinación de la ópera, que me cautivó con sus arrebatados encantos pasionales y trágicos. Mientras la música sinfónica me parecía el caballero apuesto, decidido y sentimental en que yo quería convertirme algún día, la ópera fue la mujer madura en cuyos brazos quise descubrir los misterios que creía reservados para los elegidos por su gracia.

(Me costó años comprender que el arte no tiene que ver con una casta divina tocada por la mano de ningún dios, pero prefiero dejar esa historia para otro momento.)

En poco tiempo, y gracias al apoyo, al dinero y a la paciencia de mis padres conseguí hacerme con una colección de ópera bastante aceptable. Era tal mi obsesión que llegué a aprenderme óperas completas que iba cantando por la calle, que llevaba en el walkman, que escuchaba en diferentes versiones a altas horas en Radio 2. En carnavales me disfrazaba de Papageno, escribí poemas sobre personajes de ópera y una obra de teatro en la que aparecía una relación de amor anónima basada en la de los protagonistas de “La flauta mágica”, elegimos a Puccini para que sonara en el momento del beso en nuestra boda, bauticé a mis discos duros externos con nombres de personajes de óperas de Mozart… No miento, pues, si digo que la ópera ha sido y es un elemento importante en mi vida.

El pasado domingo calló para siempre una de las voces más fascinantes del siglo XX: la soprano australiana Joan Sutherland. No voy a detenerme en encontrar adjetivos que describan su voz, ni incluiré datos biográficos que deben ser fácilmente encontrables a un golpe de google. Prefiero dejar claro que ella fue una de las culpables de todo lo que acabo de contar. Sin su Lucia, su Olympia, su Marguerite, su Gilda, su Lakmé, su Turandot… no sabría explicar lo que ha sido mi vida, pues son, sin duda alguna, parte de su banda sonora.

De su inmensa carrera, como podéis imaginar, no es fácil seleccionar una pieza. Yo me he decantado por el aria de Julieta “Je veux vivre…” del Romeo et Juliette de Gounod. Buscad en youtube y encontraréis maravillas. Os lo aseguro. Yo, desde este pequeño blog, escribo estas líneas para darle las gracias de todo corazón, porque nadie (excepto, por supuesto, la Castafiore) supo reírse como ella al verse tan bella en un espejo.

Un camino de aquí al mar

Aún hoy en día, en las tierras de Carewall, todos cuentan aquel viaje. Cada uno a su manera. Todos sin haberlo visto nunca. Pero no importa. Nunca dejarán de contarlo. Para que nadie pueda olvidar lo agradable que sería si, para cada mar que nos espera, hubiese un río para nosotros. Y alguien -un padre, un amor, alguien- capaz de tomamos de la mano y encontrar aquel río -imaginarlo, inventarlo- y posarnos en su corriente, con la levedad de una sola palabra, adiós. Esto, por cierto, sería maravilloso. Sería dulce, la vida, cualquier vida. Y las cosas no harían daño, sino que se acercarían traídas por la corriente, podríamos primero rozarlas y luego tocarlas y sólo por último dejarnos tocar. Dejarnos herir, incluso. Morir por ellas. No importa. Pero todo finalmente sería humano. Sería suficiente la fantasía de alguien -un padre, un amor, alguien. Él sabría inventar un camino, aquí, en medio de este silencio, en esta tierra que no quiere hablar. Camino clemente y hermoso. Un camino desde aquí hasta el mar.

(Alessandro Baricco: Océano mar.)

Nuestro pueblo

Este fin de semana la Compañía del Aula de Teatro de la UAH representa en el Teatro La Galera de Alcalá de Henares la obra de Thornton Wilder “Nuestro pueblo”.

La obra, dirigida por Iria Márquez, es una delicia. Al terminar, el público no tiene claro si es una obra optimista o pesimista. Pero no hay duda de que no deja indiferente.

Sábado 25 y domingo 26 a las 20.00, por seis euritos de nada.

(Tranquilos. No me he olvidado de que aún tengo que poneros al día de muchas cosas. Dadme un poquito de tiempo.)

Cervantes da la vuelta al mundo

Moscú es una ciudad inmensa en la que uno puede encontrarse de todo. Restaurantes privados instalados en casas donde durmió Napoleón, taxistas armenios que al oír hablar de España dicen “Real Madrid, Raúl”, mafiosos elegantes que se consideran asirios, camareros de Tayikistán que te hablan en español… Incluso niños disfrazados de Stalin que te piden dinero si quieres hacerte una foto con ellos.

Lo que no imaginaba que me encontraría aquí era a una encantadora española haciendo la vuelta al mundo mientras lo cuentan en un blog de Cruzcampo. Ha sido compañera nuestra en el albergue donde estamos alojados, y se vino al Instituto Cervantes de Moscú con nosotros para después sorprendernos con este vídeo.

Un abrazo fuerte a Meritxell. Suerte en el resto del viaje. Te seguiremos en tus aventuras.

La ramita verde

Como sabéis, estaré en Rusia hasta el día 12 de septiembre. Ayer, tras cinco larguísimas horas de autobús, llegamos a Yasnaya Polyana desde Moscú. Como era bastante tarde, nos limitamos a cenar, hacernos unas risas e irnos a dormir. Esta mañana, en cambio, ha sido más intensa. Tras el desayuno, y a pesar de que amenazaba lluvia, nos han enseñado la casa natal de Tolstoi. Se trata de una finca museo de proporciones desmesuradas en la que a día de hoy se sigue cultivando, arando y recolectando como hace cien años. De todo lo que nos han contado, sin lugar a dudas me quedo con la historia de la “ramita verde”.

Leo Tolstoi, que vivió más de ochenta años, nunca olvidó un día en el que, de pequeños, su hermano y él jugaban en el campo. El hermano, que debía tener una imaginación desbordante, cogió una ramita verde del suelo y la enterró en un lugar secreto, diciéndole a Leo que quien alguna vez lograra encontrar esa ramita sería capaz de encontrar la solución para que el ser humano viviera feliz y en paz durante toda la eternidad. Muchos años después, poco antes de morir, Tolstoi, que ya era una eminencia moral que habría de influir en Gandhi y en Luther King, escribió un artículo sobre la ramita verde en el que hablaba de esa felicidad escondida que se podría hallar. Antes de morir, Tolstoi pidió a su familia que se le enterrara en un claro del bosque en el que creía que su hermano había enterrado la ramita. Y así se hizo. Su tumba, que hemos visitado hoy, es un sencillo  y emotivo montículo cubierto de hierba. Al verlo, he recordado ese poema japonés que hace años me hizo llorar en Himeji:

¿Por qué pensé

que las gotas de rocío

eran efímeras?

Sólo porque yo

no yazco sobre la hierba.

(Nota: la foto no es mía, porque no tengo modo de pasar las fotos al portátil. Cuando llegue a España, actualizaré las sucesivas entradas que vaya escribiendo sobre Rusia con fotos propias.)

Un soneto de Aldana

“¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando
en la lucha de amor, juntos, trabados
con lenguas, brazos, pies y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando

y que el vital aliento ambos tomando
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio a tanto bien somos forzados
llorar y suspirar de cuando en cuando?”

“Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestras almas juntó, quiere en su fragua
los cuerpos ajuntar también tan fuerte

»que no pudiendo, como esponja el agua,
pasar del alma al dulce amado centro,
llora el velo mortal su avara suerte.”

(Francisco de Aldana, recordándonos en un diálogo entre dos amantes que el Renacimiento también era erótico.)

Hoy, estreno

Lamento anunciar con tan poco tiempo (por no decir ninguno), pero el personaje que tengo en esta obra tiene mucho texto y he tenido que estar encerrado estudiando.

En fin, que hoy se estrena en La Galera una muestra de los alumnos de interpretación teatral, donde yo colaboro. El texto, para quien no lo conozca, es una delicia. Y el montaje, a cargo de Iria Márquez, es una delicia. Si alguien quiere pasarse, en el cartel están los datos.

La próxima semana colgaré el cartel del próximo estreno de la Compañía de Teatro de la UAH: Antígona, de Sófocles, en versión y dirección mía. Podéis ir apuntando en vuestras agendas que será el 18 de junio en Guadalajara y el día siguiente en Alcalá. Y no juega la selección, así que no hay excusas.

El Barroco no es un coco

Algunos de vosotros ya conocéis el podcast llamado “La palabra con tapas“, que cada semana ¿hacen? ¿perpetran? Sergio y Fran. Se trata de un programa divertido y didáctico (sí, en efecto, se puede ser las dos cosas a la vez) en el que, entre otras secciones, se hace un repaso a la Literatura Universal.

La semana pasada asistí como invitado para hablar del Siglo de Oro Español, especialmente del teatro. Y nos dedicamos a destrozar mitos falsos, como que es algo aburrido, de difícil comprensión y machista.

Si alguien tiene media horita libre, sólo tiene que pinchar aquí:

http://www.ivoox.com/palabra-tapas-rompiendo-mitos_md_290106_1.mp3″ Ir a descargar