Viva la Pepa

Actor 1 – La Revolución Francesa fue el principio del fin de las monarquías absolutistas europeas. Cada país evolucionará de un modo distinto, sea hacia la República, la Monarquía Democrática u otros sistemas de gobierno. Durante el siglo XIX la sociedad española se verá envuelta en guerras, alzamientos, golpes de estado, revoluciones, dictaduras… porque los españoles no se ponían de acuerdo en cuál era el mejor modo de gobierno.

Actor 2 – Estamos, pues, en 1808. La Guerra de la Independencia, que duró 4 años. El rey oficial es José Bonaparte, que procuró, al principio, llevarse bien con los españoles. No lo consiguió.

Actriz – De todas partes de España llegan a Cádiz miembros de la resistencia contra los franceses y se proclaman a sí mismos herederos de la soberanía del reino. Son las llamadas Cortes de Cádiz.

Liberal – Seamos constructivos. En Francia, para cambiar las cosas, cortaban cabezas. Aquí vamos a hacerlo con una Constitución. De modo ordenado.

Absolutista ¿Cambiar? Aquí no hay nada que cambiar.

Liberal – ¿Pero entonces para qué estamos haciendo una guerra? ¿Para dejarlo todo igual que antes?

Absolutista – Queremos que Fernando VII tenga poder absoluto. Por eso somos absolutistas.

Liberal – Nosotros, los liberales, creemos que su gobierno debe estar controlado por las Cortes.

Absolutista –  Pues tenemos un problema. (Suena el teléfono. El abolutista responde) ¿Cómo? ¿Las colonias americanas? ¿Que estáis despistados porque no sabéis si obedecer a los franceses o a nosotros y vais a comenzar vuestra independencia? ¿Y a mí qué? ¡Con el lío que tenemos aquí! (Cuelga) ¿Por dónde íbamos?

Liberal – Un rey controlado por las Cortes.

Absolutista – ¿Nos lo jugamos a los chinos? (Juegan y pierden los absolutistas) Vaya por Dios.

Liberal – Pues hala, fuera de aquí, que tenemos que hacer una Constitución liberal.

Absolutista – Bueno, menos mal que el pueblo no os va a hacer caso.

Liberal – ¿Cómo que no? Si nosotros somos la prosperidad. El futuro.

Absolutista – Es muy fácil convencer a los españoles de que el progreso es malo. ¿No ves que son medio tontos? Sólo hay que asustarles un poco y decirles que el mundo se va a acabar. (Sale)

Liberal –  Hoy, 19 de marzo de 1812, queda proclamada la Constitución de Cádiz, popularmente conocida como “La Pepa”, según la cual la nación es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. Creemos asimismo en la libertad individual, la igualdad ante la ley y la división de poderes: la ley será aplicada por los tribunales y no por el Rey. Éste, además, estará controlado por las Cortes, cuyos miembros serán elegidos por sufragio universal. Masculino, eso sí, que las mujeres aún no votan en ningún país del mundo. ¡Viva la Pepa! (Música festiva. El liberal baila. La música se interrumpe con la entrada de Fernando VII, acompañado por el pueblo)

Fernando VII – Hola a todos. He vuelto.

Pueblo – ¡Viva nuestro rey! ¡Viva Fernando VII! ¡Mueran los franceses!

Liberal – Majestad, qué alegría verle. Es usted el rey deseado por todos los españoles.

Fernando VII – Que sí, que sí, que vale. ¿Qué es eso?

Liberal – La Constitución. Un ejemplo maravilloso de libertad para comenzar juntos un periodo…

Fernando VII – (Rompiéndo la Constitución) ¿Pero tú qué te has creído? Aquí el Rey soy yo. ¿Te enteras?

Pueblo – ¡Viva Fernando VII! ¡Viva!

Liberal – Pero… Majestad… La libertad…

Fernando VII – Ni libertad ni gaitas en vinagre. A ver, ¿qué han hecho los franceses? ¿Eliminar la Inquisición? Pues yo la vuelvo a poner. Porque el Rey soy yo. Y punto. ¿Qué es eso de la libertad?

Liberal – (Sacando una pistola mientras suena el himno de Riego) ¡No lo permitiré! ¡O acatas la Constitución o la liamos! ¡El movimiento liberal triunfará en toda Europa!

Fernando VII – Tú eres tonto. ¿Tú no sabes que Napoleón ha sido derrotado y hay muchos reyes en Europa que quieren volver al absolutismo? (Llamando por el móvil) Hola, ¿es la Santa Alianza? Oye, que tengo problemas aquí con unos liberales. Venga, gracias. (Cuelga) Hala, ya está. Me envían un ejército para venceros. Los cien mil hijos de San Luis. Ya podéis rendiros.

Pueblo – ¡Viva Fernando VII! ¡Muera la libertad! ¡Vivan las caenas!

Fernando VII – Gracias, gracias.

Liberal – (Saliendo) Este pueblo es imbécil.

Fernando VII – Ahora es cuando os vais a enterar de quién soy yo. (Suena el móvil) ¿Qué pasa ahora? ¿Qué se han independizado Argentina, Colombia, Venezuela, Chile, México y Perú? ¿Y a mí qué me importa? Estoy castigando a un país entero. (Cuelga) Lo que os decía: os esperan diez años finos. Pero finos, finos. Y si algún liberal de esos intenta rebelarse…

Fernando VII – De momento, toda influencia francesa será prohibida. Los españoles afrancesados, fuera del país o los matamos. No nos interesan las ideas extranjeras.

Pueblo – Pero entonces, los adelantos culturales y científicos…

Fernando VII – A la porra los adelantos. Ah, y quedan cerradas las Universidades.

Pueblo – ¿Las universidades? ¿Por qué?

Fernando VII – Porque un pueblo idiota es la mayor seguridad de un tirano.

 

(Fragmento de “Historia de España en 70 minutos“)

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Acerca de “Historia de España en 70 minutos”

Hace ya casi dos años que estrenamos “Historia de España en 70 minutos”. Un espectáculo didáctico y divertido que repasa de modo ininterrumpido la Historia de nuestro país desde Altamira a la Democracia.

En todo este tiempo, este espectáculo nos ha dado muchas alegrías a todos los componentes del equipo. Una de ellas, el haber cumplido ya un año en el Café Teatro Arenal.

ACTUALIZACIÓN SEPTIEMBRE 2012: Comienza la temporada 2012/13 y continuamos en el Teatro Arenal. Todos los sábados a las 20.00 horas.

Las críticas, además, han sido muy favorables. Hemos disfrutado como enanos leyendo cosas como:

Los tres actores sobre los que recae todo el peso de la obra, Luna Paredes, Carlos Fapresto y Javi Rodenas hacen uso de un ingenio y una energía remarcables, llegando a interpretar hasta 70 personajes diferentes sin mostrar ápice alguno de despiste o cansancio. (Crítica de Vicente Rodrigo en el Blog RedCarpet)

Seven Inks es una compañía que ha surgido hace no mucho tiempo, vinculada a la ciudad madrileña de Alcalá de Henares. Uno de sus objetivos: ser referente por la calidad de sus producciones, algo que después de ver ‘Historia de España en 70 minutos’ en el Teatro Café Arenal, no cabe duda de que van por buen camino. (Entrevista en el mismo blog)

Lo mejor de todo: esta breve función abrirá las mentes de algunos (en lugar de las cabezas de otros). No es una obra que quiera ser patentemente didáctica y “aleccionadora”, y sin embargo, creo que aporta mucho más que otras que tienen esos fines, en parte por el propio texto, en buena medida por la puesta en escena y el estupendo trabajo de sus componentes. (Crítica de Julio Castro en La República Cultural)

No me extraña que sábado a sábado se llene el café teatro del Arenal si se tienen en cuenta las risas, el asombro del hilvanado del texto y del trabajo de los actores, de un montaje simple que juega tan solo con la voz, con los gestos y con pocos recursos más, pero que son suficientes para que el tiempo vuele y los setenta minutos que dura la obra se conviertan en un instante, en una momento inicial de carcajada que enlaza con la carcajada final, con la reflexión final con que se termina la obra. (José Manuel Lucía Megías, en Diario de Alcalá)

No es una broma. O no solo eso. Es mucho más, es nuestra historia vista desde el ángulo burlón y riguroso que permite que Fernando el Católico baile una jota inolvidable, que todo el mundo logre entender la sucesión de Carlos IV y que Alfonso XIII, en manos del inmenso Fapresto… Pero ya basta. Es teatro. Del mejor. Una obra que todos los españoles deberíamos ver. Y lo bien que nos iba a sentar en estos tiempos. Por Júpiter. (Crítica de Incitatus en Tiempo)

Y, como el público es soberano y es el mejor crítico, cómo no señalar sus críticas en Atrápalo, con (a fecha de hoy) un 8,8 de valoración después de 202 críticas.

Por salir, hemos salido hasta en la tele. (Reportaje de Escenario Madrid, en La Otra de Telemadrid. A partir del minuto 13.40)

Además de esto, el espectáculo ha sido incluido en la Red de Teatros de Castilla – La Mancha, y ya tiene algunos bolos concertados. Puedes encontrar más información en la página web de nuestra compañía, 7Inks.

¿Cómo dices? ¿Que aún no la has visto? ¿Que no te habías enterado? Pues no será por falta de información. Mira, aquí puedes encontrar una estupenda galería de fotos. Aquí, un video promocional. Y hasta un resumen de todo si pinchas aquí.

Y si eres programador teatral puedes contactar con los distribuidores aquí. Y, para que veas si te lo ponemos fácil, puedes encontrar el dossier del espectáculo aquí, en pdf.

Como autor y director de la obra, me siento muy orgulloso de mi trabajo. Pero sé que ese trabajo no sería nada sin el esfuerzo de tres actores formidables (Carlos Fapresto, Luna Paredes y Javi Rodenas) y de la estupenda labor de producción que realiza Iria Márquez.

Sé que estas palabras suenan a lugar común, pero os aseguro que no es así. En absoluto. Porque el boca a boca hace que cada fin de semana el público siga riendo con las gracias y desgracias de la historia de nuestro país.

 

Carlos IV – Hay una revolución en Francia, al rey le han cortado la cabeza, y estoy preocupado. Fernando VII – ¿Por qué, papá?

Carlos IV – Coño, Fernando, porque no quiero que me corten la cabeza. Es que este niño es tonto.

Godoy – Sin problema, majestad. Organicé una guerra contra Francia con el apoyo de los ingleses.

Carlos IV – ¿Y qué tal ha ido?

Godoy – Fantástico. Ahora nos llevamos muy bien con los franceses. Tanto, que ahora somos sus aliados y le hemos declarado la guerra a los ingleses.

Fernando VII – Pero, Godoy, por unirnos a Francia los ingleses nos han derrotado en la batalla de Trafalgar, y ya nunca más volveremos a ser una potencia naval en el mundo.

Carlos IV – ¿Qué dices a eso, Godoy?

Godoy – Majestad, los ingleses se han juntado con Rusia, con Austria, con Suecia y con algunos más para hacerle la puñeta a nuestro amigo Napoleón Bonaparte. Y a Napoleón hay que ayudarle, porque es el Emperador. Y a veces hay que sacrificarse un poco por los amigos.

Carlos IV – ¿Lo ves? ¿Lo ves? ¡Esto es lo que hace falta en esta casa! ¡Gente como Godoy! (Sale)

Godoy – Lo siento, Fernando, pero parece que tu padre me quiere más a mí.

Fernando VII – A mí lo que me parece es que mi madre te quiere más que a mi padre.

Condenados a no entenderse

Para Javier, con quien tanto me gusta hablar de poesía.

Cosas que he escuchado a (algunos) poetas:

1. ¿La rima? Qué va, qué va. Eso es un recurso facilón y barato. Nada, nada. La rima, para los cantautores.

2. Yo no escribo poesía para que me entiendan, sino para poder entenderme a mí mismo.

3. Presto mucha atención a la disposición tipográfica, los saltos después del verso, las sangrías… Todo aquello que ayude a potenciar la lectura del poema como una experiencia visual.

4. En un solo verso puede concentrarse todo el Universo.

5. La poesía debe sugerir, provocar, invitar a la reflexión…

6. La poesía es la única literatura posible.

7. Un buen poema nos ayuda a entender lo que no puede explicarse con palabras.

 

Cosas que he escuchado a (algunos) no lectores de poesía:

1. ¿Esto es poesía? ¡Pero si no rima!

2. Pues si este tío no quiere que se le entienda, que no publique.

3. Es que, si no hay rima y no hay ritmo, ¿por qué no lo escriben todo seguido?

4. ¿Una página entera para sólo una línea? ¡Vaya gasto de papel!

5. Yo, cuando cojo un libro, lo que quiero es que me cuenten una buena historia.

6. Tu novela está muy bien. Me ha gustado mucho. Si es que lo que tienes que hacer es dejar la poesía y escribir más literatura.

7. ¿Que por qué no me gusta la poesía? ¡Porque no la entiendo!

Vuelve “Historia de España en 70 minutos”

Los días 23, 25 y 30 de junio representaremos en el Teatro Arenal de Madrid mi obra “Historia de España en 70 minutos”. Se trata, como algunos ya sabréis, de un espectáculo en clave de humor en el que se repasa la Historia de España desde la Prehistoria hasta la Democracia.

En el espectáculo, tres actores interpretan 70 personajes a través de un continuo despliegue de elementos de atrezzo y un elaborado trabajo físico y vocal que ayudan a caracterizar a cada personaje. No se trata de una obra de sketches aislados, no hay elipsis ni grandes saltos temporales, sino que estos 70 personajes se van pasando el testigo (sin pausa alguna) en una carrera de relevos que comienza en Atapuerca y aún no ha terminado.

Podéis ver un trailer de la obra aquí.

Teatro Arenal. Calle Mayor 6, Madrid.

Teléfono para reservas: 915234796.

23 de junio: 20.30 horas.

25 de junio: 19.00 horas.

30 de junio: 20.30 horas.

No os lo perdáis: vais a pasar un rato formidable. De verdad. No os arrepentiréis. Nos vemos en el Teatro Arenal.

Problemas en la comunidad

Hace años que tenemos portero en casa. Los vecinos nos dimos cuenta de que en la comunidad la convivencia era de todo menos pacífica, así que decidimos contratar a una persona externa que se encargara de la limpieza, el mantenimiento, evitar que entraran vándalos en los portales, sacar la basura… A cambio, el portero recibe un sueldo y una vivienda gratuita en nuestro bloque, por si hubiera alguna emergencia a horas intempestivas. Todos los vecinos, por tanto, pagamos mensualmente una cuota para que este señor se encargue de que todo esté perfecto.

El caso es que durante años la cosa ha funcionado bien, pero hace un tiempo que algunos vecinos manifestaron su descontento por los modos groseros y violentos de nuestro portero. Hicimos una junta ordinaria, tal y como tenemos estipulado en nuestros estatutos, y la mayoría decidió que debíamos cambiar de portero. Así se hizo, y, a pesar de que el nuevo apuntaba maneras, en los últimos meses está adquiriendo las mismas costumbres que su predecesor. Lo primero fue cuando decidió meter en su casa no solo a su familia, sino también a sus mejores amigos; como hubo algunas quejas, él alegó que son personas de su confianza que le ayudan a realizar sus tareas.”No es un capricho, es una necesidad”, nos decía, “no pueden imaginarse el desgaste que supone este trabajo. Por no hablar de lo importante que es dar buena imagen ante los demás porteros del barrio”. A algunos vecinos esto les pareció un escándalo, aunque otros dijeron que bueno, que todos los porteros hacen más o menos lo mismo.

Pero la gota colmó el vaso hace unos días. Resulta que, por una mala gestión de la empresa eléctrica, nos hemos quedado en todo el barrio sin luz. Se nos ha comunicado que se está trabajando en ello, que no se sabe cuándo se solucionará, e incluso ha habido bloques a los que hemos tenido que ayudar regalándoles unas velas. Mandamos a nuestro portero para que se enterara de todo. No sabemos qué sucedió en la reunión, pero cuando volvió nos exigió:

1. Que ahorráramos energía.

2. Que sólo utilizáramos el horno una vez por semana.

3. Nada de secador.

Y 4. Que como llevábamos mucho tiempo consumiendo luz por encima de nuestras posibilidades, la empresa eléctrica ha tenido problemas serios y que nuestra obligación era pagar una derrama para ayudar a solventar ese problema.

Además, nos dijo que si no teníamos cuidado era posible que en un futuro nos prohibiera utilizar la nevera. Nosotros sabemos que su familia y sus amigos, que viven en su casa con él, siguen consumiendo la misma cantidad de electricidad y de agua, pero a él parece darle igual: como sabe que el hijo del anterior portero está deseando quedarse con su puesto, cada vez que le decimos algo nos sale con eso de “cuidado, que como me vaya yo ya sabéis quién viene”.

El hijo del portero anterior, por su parte, es el dueño de la empresa de jardinería de la comunidad, cuyos empleados también se las traen: unos cuantos de ellos, seguramente siguiendo órdenes de arriba, vienen a limpiarse la tierra cada día a nuestro portal para después decir que han sido los familiares del portero, que tienen el bloque cada día más sucio. Sabemos que son ellos porque los hemos visto; pero cuando los vecinos vamos a ver a su jefe, éste se sale por las ramas y dice que la portería estaría mucho mejor con él, que nuestro portero está rompiendo el portal (no sabemos a qué se refiere con esto) y que las personas sensatas le apoyan porque son personas de bien. Así que los dos, el portero y el pretendiente a portero, están todo el día a gritos, enfrentados, sin hacer nada por la comunidad; y nosotros, los vecinos, seguimos a oscuras y cabreados unos con otros.

Dentro de unos días tenemos nueva junta, y hay unos cuantos vecinos que nos hemos juntado a hablar entre nosotros porque nos parece que esto no puede seguir así. Que no queremos seguir sin luz. Que no queremos que nos engañen ni uno ni otro. Que queremos un cambio. Pero un cambio de verdad. Sabemos que en la próxima junta se decidirá que el portero sea uno de los dos. No podemos hacer nada por evitarlo.

Pero nuestra idea va más allá: queremos conseguir que todos los vecinos de la comunidad nos reunamos para reescribir los estatutos: no queremos tener que esperar un año para hacer otra junta. Lo que queremos es cambiar las normas entre todos para recordarle a los candidatos que no son ellos quienen mandan. Que nosotros somos sus jefes, porque somos nosotros les pagamos. Y que si no hacen bien su trabajo, tenemos derecho a despedirlos en cualquier momento.

Parábola del padre que no podía cuidar a sus hijos


Desde la cálida impunidad de su púlpito, el padre Sopena no podía imaginar hasta qué punto la vehemencia de sus sermones cincelaba la personalidad de Arturito Garcés, que a sus imberbes once años no conocía más objetivo que aplicar el mensaje de Cristo en su día a día. Dar de comer al hambriento, de beber al sediento y poner la otra mejilla eran, nunca mejor dicho, su padrenuestro. Ante la peculiar conducta de Arturito, la opinión de sus progenitores oscilaba entre la admiración orgullosa y el temor a que un niño tan repipi pudiera no valerse a sí mismo cuando ellos faltaran. Con todo, el mayor miedo de doña Catalina, sufrida madre de nuestro protagonista, era que el niño decidiera continuar su vocación espiritual por el camino del sacerdocio. Su preocupación fue en vano, ya que, durante el resto de su vida, Arturito nunca podría olvidar aquel día en que el padre Sopena habló del máximo milagro habido y por haber: la procreación, ese maravilloso sucedáneo de la creación del hombre a cargo de Dios Padre.

Con semejantes valores por montera no era de extrañar que, a los nueve meses exactos de su matrimonio, Arturo Garcés se convirtiera en un padre de familia modélico y respetado. Una lástima, eso sí, que el respeto no fuera suficiente para él: transcurrido el mínimo reposo necesario, su sacrosanta volvió a quedarse encinta. Una y otra vez. Y otra vez más aún. Y más de otra. “Vivimos en tiempos impíos”, solía decir, “y es necesario que alguien se aplique en la ilustre tarea de crear una nueva sociedad”.

Todos en la empresa sabían que la razón de las infinitas horas extra que hacía el señor Garcés era el poder mantener a su prole. Por eso no daban crédito cuando, cada año, les anunciaba que esperaba otro vástago. Y otro más. Y otro, y otro, y otro. Mientras que para el común de los mortales quince hijos es un infierno insoportable, el señor Garcés sólo pensaba en lo orgulloso que debería sentirse el padre Sopena al observarle desde el cielo.

Pero en el hogar no todo era tan rosado como pudiera parecer. Mientras la salud de Merceditas Aguirre de Garcés se debilitaba tras cada embarazo, los niños se lamentaban continuamente por no poder disfrutar de su padre. La ausencia continua de don Arturo hacía inviable una sobremesa de café y helado o una tarde en el parque. Los pocos familiares y amigos de Arturo y Merceditas se acostumbraron a no saber nada de ellos, y llegó el día en que casi nadie recordaba ya el nombre de los hijos.

Una noche, de vuelta del trabajo, don Arturo se encontró a un desconocido intentando entrar en su casa. Asustado por si se trataba de un delincuente que quisiera perturbar la paz del hogar, se enfrentó a él y le golpeó por la espalda. Lo último que dijo el joven antes de perder el conocimiento fue: “Papá, papá, que soy yo.” A la mañana siguiente, la policía se llevó arrestado a Arturo Garcés por abandono de sus obligaciones paternas. Durante la rutinaria sesión de inspección, los agentes descubrieron a doña Mercedes, embarazada de siete meses, con principio de parálisis cerebral, mientras, en el suelo y desnudos, dos menores (de tres y un año respectivamente) jugaban a lanzarse sus propios excrementos.

En los últimos dos años he escrito, interpretado, dirigido, presentado y coordinado algo más de 20 espectáculos teatrales distintos, aparte de mantener este blog y la publicación de un poemario. No me quejo de ello, por supuesto, y menos aún sabiendo cómo está el patio de mis compañeros de profesión. Sé que debo estar orgulloso de lo que he hecho, y lo estoy; porque, como dice J. A. Pérez, el privilegio es crear.

Sin embargo, echando la vista atrás, creo que necesito una fuerte dosis de autocrítica. No tanto con mi trabajo, sino con mi manera de afrontar el trabajo. Los que trabajan conmigo saben que me gusta utilizar la metáfora de que un proceso de ensayos es como un embarazo y, por tanto, un estreno es como tener un hijo. Bien. He tenido muchos hijos en este tiempo, y lo que quiero (y debo) hacer ahora es cuidarlos. Mimarlos. Vestirlos debidamente y sacarlos a pasear. Presumir de ellos. Hacernos fotos, y llevarlos a ver a sus amigos, y charlar con sus padres, y descubrir todos juntos lo grande y hermoso que es el mundo. Y tener más hijos, por supuesto. Pero no quiero tenerlos si no tengo tiempo para verlos crecer.

Llevo una semana dándole vueltas a esto. Tengo la tremenda suerte de poder hacerlo en Sicilia, donde soy feliz con mi chica yendo al mercado y cocinando para ella mientras me corrige cuando hablamos italiano. Aún estaré por aquí unas cuantas semanas, en las que tengo que darle muchas vueltas a la cabeza, plantearme cómo quiero que sea mi vida a partir de ahora: si quiero vivir para trabajar, o si quiero trabajar para vivir. Si quiero tener tiempo para mi familia, para mis amigos. Si quiero comerme el mundo o si quiero que el mundo me coma a mí.

Este blog seguirá abierto, por supuesto, y en los próximos días aparecerán nuevos textos. He cambiado unas cuantas veces la apariencia en los últimos meses y es posible que vuelva a cambiar más adelante. No lo sé. Ahora se trata de cambiar algo más profundo.

Mi cabeza está de mudanza. Avisados quedáis. Temedme, porque traigo nuevas ideas en mi maleta. Y alegraos por mí.

Ombloguismo

Antes de nada, tengo que decir que el título de esta entrada lo he copiado. Dicho esto, vamos al grano: hace hoy un año que nació este blog. Así que… Lo siento mucho, pero hoy voy a mirarme al omblogo.

Un año de blog.

102 entradas. Las más visitadas, aparte de la página de inicio, son:

No deja de parecerme curioso que, siendo éste un blog de poesía, las páginas más visitadas sean artículos sobre teatro o textos en prosa. ¿Tendré que replantearme algunas cosas?

10520 visitas. No tengo claro cuántos usuarios únicos, pero no me parece mala cifra.

El día con mayor tráfico fue el 26 de mayo del 2010, con 320 visitas. La entrada sobre la nominación a los Premios Mayte triunfó.

Algo que me divierte mucho al revisar las estadísticas son las palabras o frases buscadas en google por las cuales ha llegado aquí la gente. Sobre esto, el ganador ha sido, por goleada absoluta, el término “caligrama”. Diferentes búsquedas, entre las que hay unas cuantas que quiero compartir porque no tienen desperdicio:

  • Caligramas de santos.
  • Caligrama del golpe de estado.
  • Caligramas fáciles.
  • 5 caligramas no protegidos.
  • Caligrama vanguardista.
  • Poesía para papa (sic) en caligrama.
  • El primer gallego en usar caligramas.

Es obvio que la entrada “De vanguardias y caligramas” ha provocado esto. Es curioso, porque en dicha entrada quise reflejar el repelús que me da que, hoy en día, poetas que se consideran “modernos” utilicen una forma creada hace un siglo. Es decir, que no me gustan los caligramas pero son los que me provocan más visitas.

En cambio, el poema “Keywords“, en el que bromeaba sobre estas palabras clave que la gente busca en internet, no ha conseguido ni una sola entrada. Qué mal ojo tengo.

Además de esto, hay otras palabras clave de búsqueda, entre las que destacan:

  • Aprendí francés solo. La crónica de por qué aprendí francés. Por cierto, sigo sin saber qué fue de la chica.
  • Papa con hijos. Sin comentarios.
  • Video Deborah Vukusic desnuda. Cuando se lo conté a mi amiga Déborah no sabía qué decir. Por supuesto, quien hizo la búsqueda no encontró aquí dicho vídeo.
  • Librería cuántas sílabas tiene. No sé cómo llegó aquí, pero quisiera contestar a quien hizo la búsqueda: cuatro.
  • Erótico. Así, a secas. No sé, me deja sin palabras que al buscar “erótico” aparezca mi blog. Qué cosas. Hablaré con los de google.
  • Extraño a mi ex-poema. No sé qué relación tiene con el blog, pero el concepto me gusta.

Y, por fin, mis tres favoritos:

  • Cómo hacer una foto a una cascada y que parezca espuma.
  • Cómo echar la cera en la cara.
  • Soñar con un gavilán que se come un pollo. Imagino que algo tendrá que ver con mi poema Garibaldi.

Y hasta aquí el ombloguismo. Es decir, por hoy ya no hablo más de mí. Pero sí de vosotros, de los que lo seguís, a los que os quiero dar las gracias mil veces. Porque los llamados “internautas” somos la razón de ser de los blogs. Y sin público el escritor no es nadie. Porque la poesía (y la literatura, el arte, la Cultura…) es un proceso de comunicación en el que son igual de necesarios el emisor y el receptor.

Gracias, por tanto. Seguiré escribiendo para que vosotros sigáis leyendo. Y viceversa.