Dos ruedas

Papá tú aquí detrás no no te vayas
que me da mucha cosa aquí a mi lado
quédate sí las manos ahí detrás
verás qué bien lo hago ya me sale
mucho mejor me caigo pocas veces
de verdad te prometo que me sale
ya sé que es muy difícil y por eso
quiero que estés aquí y que no me sueltes
y que no digas nada y no te rías
tú empújame y yo muevo los pedales
empújame otro poco solo un poco
y llamas a mamá y se lo decimos
y se pondrá contenta ahora más rápido
empújame más fuerte así más fuerte
más fuerte todavía papi corre
y ahora suéltame ya voy yo sola
mira qué bien me sale ¿estás contento?
¿ves como no me caigo con dos ruedas?
¡No te vayas papá mírame un poco!
¡Papá mira papá que voy sin manos!

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Chuches

…tres nubes y una mora, no, un osito
o mejor dos o… sí sí regaliz,
del negro no, que pica, de ese rojo
y también… gusanitos, una bolsa
y un ladrillo y dos chicles y una fresa
y un… ¿tiene palolú? ay, que no sé,
que es que me gusta más el… ¿me lo cambia?
¿un chicle por un sugus?… de cereza
no, mejor el azul que es el de piña
y algo de pica pica y un teléfono
y un sobre de tintín y un… ¿cuánto llevo?
¿me avisa cuando vayan cien pesetas?

(Nota: este poema se encuentra en mi poemario “La niña y el mar“)

Siempre está en torno a ti

Siempre está en torno a ti.
Le gusta lo que miras. Le divierte.

Le apetece,

y quiere que lo cojas para él
(por alguna razón, le pertenece).

Tú no lo puedes ver
porque cuando lo buscas se diluye
y pierde su atractivo.
Tú no lo puedes ver, pero él te observa
y espera, porque sabe que algún día
te va a vencer. Ya no será posible
renegar de sus garras, de su reino.
El día llegará. No estarás sola,
aunque quizás entre desconocidos,
y él llamará a tu puerta, sonriendo,
y tú dirás que no, que no debes hacerlo,
que arriesgarías mucho, que no vale la pena,
pero él sabrá mirarte como tú no sabías
y con un “¿por qué no?” te habrá vencido.

Tu vida, desde entonces, será otra.
Y cuando al día siguiente te levantes
quizás arrepentida, quizás insatisfecha
o quizás deseando repetir
te acordarás de él
y sabrás que algún día volverá
con drogas, con alcohol, con hombres, con mujeres,
con joyas, con cuchillos, con dinero…

Tú no lo puedes ver, pero él te observa.
Por alguna razón, le perteneces.

 

 

(Nota: Este poema está incluido en mi libro “La niña y el mar“)

La belleza

Las fotos de la agencia de viajes,
como era de esperar,
no hacen justicia al sitio ni a su encanto.
Desde este mirador donde te encuentras,
el paisaje, la luz, los monumentos
son algo más que imágenes: son vida,
legado de otras gentes que dejaron
su belleza en su paso por la tierra.

La belleza,
un concepto sutil, fugaz, voluble
que tiene, sin embargo, un mismo componente
en Londres, en Marruecos, en Jamaica
o en cualquier otro sitio pisado por el hombre:
la belleza es el cauce que nos lleva
a ser mejores en el día a día.
Cuando frente a nosotros se yergue la belleza
algo en nuestro interior quiere ser bello
para que nos avale o nos resuma
cuando no quede nada de nosotros.
Amar es el deseo de ser uno
con lo que nos parece más hermoso.

Luego, mientras sonríes a la cámara,
asumes lo minúsculos que somos
y que es ridículo pensar que estamos
en posesión de la verdad completa.
Tanto por visitar, tantos destinos
que no conocerás,
son la vida entendida de otra forma.

Poco después te marchas consultando
la guía de viajes. A tu espalda
queda el lugar donde has sido feliz
por un momento. Puede que no vuelvas,
pero, a partir de ahora, en muchos de tus gestos
(una sonrisa a tiempo, un buenas tardes,
un cómo estás, un cuánto lo agradezco),
ese lugar, que ya es parte de ti,
se muestra al mundo en toda su grandeza.

(Nota: Este poema está incluido en mi libro “La niña y el mar“)