Penúltimo momento

Ernesto Filardi es un joven espigado, de cara solícita y amable, educadísimo. Ha estudiado Filología Española en Alcalá de Henares, obteniendo notas brillantes, y ha compaginado la labor filológica con la creación literaria, dedicándose a la poesía y a la literatura dramática. También es un excelente actor; siempre anda rodeado de actrices de su edad, todas guapísimas, pero no quiero seguir desplegando el abanico de sus actividades, porque esta página se me acabaría.

Ernesto está convencido de que, en todos los aspectos de la vida y del arte, no se puede olvidar el pasado si se quiere construir un futuro que valga la pena. Con esto quiere decir que, siempre que ha habido una crisis estética —ahora, sin ir más lejos—, mirar hacia el pasado ha contribuido de forma decisiva a remozar ideas periclitadas. Hay mucho de eso en sus poemas, en sus deliciosas comedias en verso, en su manera toda de entender la escritura.

Ernesto dice que yo dije algún día, quién sabe cuándo, al ser interpelado acerca de la presunta oscuridad de Góngora, que don Luis aspiraba, como todos los genios, a ser amado y entendido por tirios y troyanos, pero que la plena comprensión de su poesía exigía mayor esfuerzo y dedicación que la que exigen, por ejemplo, autores como Aldana, Lope de Vega o Garcilaso. Y que poetas como Euforión, Persio o Paul Celan practicaban también lo que los tebeoadictos conocemos por línea clara, pero de forma más sofisticada y de aprehensión más laboriosa por parte del lector.

“Oscuro el borrador y el verso claro”, aconsejaba Lope, y eso valía para todo el mundo. La claridad es una condición sine qua non de la belleza y no es incompatible en absoluto con lo que suele llamarse hermetismo (que viene a ser una claridad atiborrada de artificio y especialmente necesitada de cariño estudioso y de notas a pie de página). El arte es comunicación además de conocimiento. El poeta no vive en una nube especial aislada de las demás nubes, ni en un ghetto aburrido y silencioso al que no llegan el ruido y la furia de la calle. El poeta vive en la antesala de la muerte, como todos los hombres. Y no es bueno que algunos vates crean que su antesala es particular, como el patio de la canción infantil, ni que se juzguen elegidos por un Dios deseado y deseante para articular la leyenda de lo perecedero.

Ernesto escribe versos muy hermosos. Y piensa cosas muy sensatas acerca de la poesía.

(Luis Alberto de Cuenca)




Con la certeza de un oráculo que se limita a vivir repitiendo las palabras que otros les dictan, así se van destilando los versos de este Penúltimo momento de Ernesto Filardi. Y uno los lee con la admiración de su precisión métrica y con el asombro de sus hallazgos poéticos, con la sensación, nunca desmentida, de ser testigos de una revelación que se va superando verso a verso. Penúltimo momento hay que leerlo con reverencia, con un buen whisky en la mano y una música de fondo que, no sé muy bien por qué, evoque los Mares del Sur, una música de piano que se empeña en repetir las mismas notas, y siempre es una… aunque siempre nos llegue diferente. Penúltimo momento hay que leerlo con la atención que prestamos a los oráculos, siendo conscientes de que no nos podemos perder ni una palabra, ni una sílaba. Allí, en ese inesperado adjetivo, en esa descripción que se nos dibuja tan cotidiana, en esa rima abstracta, en ese pequeño detalle perdido en el rincón de un verso que, en una lectura superficial, nos pareció tan poca cosa, allí puede estar cifrada una respuesta, un guiño, un estrechar las manos o un rendir cuentas con el pasado. Un rendir cuentas con el pasado del poeta, de ese yo poético que se nos presenta en cada verso más sorprendente; pero también un rendir cuentas con el pasado de cada uno de nosotros, de estos lectores anónimos que vamos descubriendo “caricias y lamentos” y “la esquizofrenia nuestra de cada día” a medida que vamos pasando las páginas, convirtiéndolas en historia de nuestra particular lectura; pasado que pone las bases, lo queramos o no, a un “futuro imperfecto”. Penúltimo momento hay que leerlo aguantando la respiración: siempre vendrá en nuestra ayuda un verso admirable, una sorpresa que nos devolverá el aliento y la sonrisa. Penúltimo momento sabe a poco, la verdad… terminamos aparcados en el “taller de coches” deseando más, necesitando más… siempre más.

(José Manuel Lucía Megías)

10 pensamientos en “Penúltimo momento

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  9. Ernesto, estamos preparando un recital poético-musical para abril 2012 en Alcalá de Henares, con autores argentinos y latinoamericanos. Al cierre, se leerán poemas de autores que han nacido o vivido en Alcalá. Nos encantaría que nos permitieras leer uno de tus poemas.

    (Urge, como dicen los anuncios de búsqueda de empleo)

  10. hola Ernesto, me gustaría comprar Penúltimo momento pero vivo en Ushuaia, al sur del sur argentino. Podrías indicarme un camino. te dejo mail. gracias,
    María

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